Diario de León
Publicado por
RAQUEL PALACIO
León

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VIVIMOS tiempos difíciles. Cuándo no lo han sido, podemos pensar. Hace unos días fue rememorado, por aniversario, el fatídico 11-S, suceso terrible del que, creo yo, no hemos terminado de despertar. Aquel fue un shock humano tan parecido a una película, que nuestra mente peliculera en esta era llovida de películas, no era capaz de abarcar las dimensiones del hecho. Todos recordamos dónde estábamos aquel día, qué estábamos haciendo, qué increíble lo que veíamos. Qué vulnerable era el mundo desde entonces. Qué miedo. Qué tristeza. Qué expectación. Los malos lo consiguieron, no hubo héroe que desviara los aviones en el último segundo. Y qué demostración estéril de incompetencia por parte de ese que hoy continúa en el mismo puesto. Cinco años, ya, y todas las sospechas y todas las evidencias sobre la responsabilidad directa por parte de los dirigentes americanos parecen haber quedado en suspenso. Guerra abierta y demostración de poder. Moros y cristianos. El día de la fecha hubo reportajes y documentales conmemorativos. Y la novedad de que ya hay película de la película. Y el debate ético-moral sobre el rodaje. Me llamaba la atención lo que decía un experto en cine: Que el hecho ha supuesto tales cambios en nuestra realidad, que hay más películas, a parte de esta, hechas después de los atentados, las cuales serían imposibles de comprender para una persona que hubiera estado en coma antes de los sucesos y que no supiera nada de lo sucedido. El mundo ha cambiado y nosotros no. Puede haber cambiado nuestro miedo, como sucede cuando se le ven las orejas al lobo. Habitual reacción, insensato y humano modus operandi que responde sólo entonces. Mientras el lobo permanece en el limbo de la posibilidad, nada pasa, nada ocurre, es un cuento, para todos nosotros, que crecimos con cuentos y aprendimos con ellos a diferenciar buenos y malos. Que viene el lobo. Pero mientras no venga nosotros vamos a seguir tentando a la suerte, quizás enamorados o necesitados de un riesgo que nos encauce la vida. Incapacitados para valorar algo antes de perderlo. Como el aire que respiramos y el frágil equilibrio natural que atacamos y atacaremos hasta comprobar cómo se tuerce sin remedio. Porque Greenpeace estuvo por aquí contándonos qué malísimas son las centrales eléctricas y qué pésimo el hacer de los gobernantes y qué ausente la determinación del poder hacia lo bueno. Pero, claro, ellos, los verdes, los ecologistas, los concienciados, los sensibilizados, no so

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