Diario de León
Publicado por
ALEJANDRO J. GARCÍA NISTAL
León

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QUE SUENEN las trompetas, cuelguen los tapices y estandartes con el escudo regional, vístanse de oropeles con sus mejores vestidos las damas y sus trajes recién comprados los hombres. Hay jornada de solemnidad en las Cortes de Fuensaldaña. Mi amigo y confidente, que no es otro que la armadura que hay en el hall de entrada al castillo y que todo lo ve, impasible, silencioso y discreto, como se le exige a las armaduras medievales en estos tiempos, me lo contará después. El Observatorio contra la Despoblación se constituye hoy miércoles con la presencia de todos sus miembros. A los del Ejecutivo regional, grupos parlamentarios y demás, se le añaden sindicatos, empresarios, universidades, diputaciones, municipios, organizaciones profesionales, jóvenes, etc. Todos, como una piña, para verse y decirse: «Ya hemos creado el Observatorio». Entre sus funciones, «proponer actuaciones y analizar resultados de las políticas diseñadas contra el mayor problema de la Comunidad, la despoblación». Osea, que su primera función es observar. Observar actuaciones, analizar resultados... pero ¿dónde queda el solucionar, el obligar a que realmente se realicen políticas encaminadas a la resolución de este problema? Al poder ejecutivo, legislativo; es decir, al político. Entonces es que este poder no está haciendo sus deberes y hay que crear otro organismo, ente o lo que sea... Kafka, aquí nos tienes, somos todos el señor K, cada día más. Y venga a rizar el rizo. El otro día este diario publicó una interesante entrevista con el presidente de la Diputación de León. En ella explicaba las dificultades de dar servicios a una provincia tan dividida en pequeños núcleos de población y con tantos ayuntamientos pseudohabitados. Agrupación de municipios y mancomunidades de servicios eran algunas de las actuaciones para poner, poco a poco, un poco de orden y elevar la calidad de vida a los ciudadanos del mundo rural. Volvemos a lo de siempre. La comarca, se diga lo que se diga, es la solución más pragmática a un problema real de esta sociedad de principios de siglo. Los pueblos se abandonan y quedan como segunda residencia. Las cabeceras de comarca concentran los servicios básicos mínimos: salud, enseñanza, administración local, seguridad, ocio, comercio, comunicaciones...Vida en definitiva. Quien no lo vea así, no sabe ver más allá. No sé si hace falta el Observatorio, pero sí hacen falta gobernantes resolutivos.

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