Diario de León
Publicado por
JOSÉ ÁLVAREZ DE PAZ
León

Creado:

Actualizado:

ES CIERTO que las unanimidades suelen prosperar en un terreno previamente acotado por la falta de libertades, en cuyo caso estarían bajo sospecha, pero a veces unanimidad significa libre encuentro de voluntades, convergencia en nobles objetivos compartidos. Tal el acuerdo de la Corporación astorgana otorgando, por unanimidad, una calle en memoria del buen pastor Faustino, el párroco de San Andrés desaparecido hace diez años, padre de los pobres, sembrador de ternura, pedagogo de la compasión, rompedor de rutinas, pescador y teólogo, caminante y pensador, arqueólogo y misionero. Dando por supuesto que para ser bueno hace falta ser inteligente y que para ser malo vale cualquiera, precisemos que Faustino fue buena persona sin dejar de ser un profeta comprometido con la causa de los desheredados, transmisor directo de su fe, sin filtros de contenido, ni top-up, lo que desconcierta siempre a los precavidos que ruedan en el pelotón de la rutina, lo que explicaría más de una ausencia en su homenaje donde, eso también, estaban los que tenían que estar y fueron muchos. El llegó más lejos que el premio Nobel Muhammad Yunus, que prestó a todo aquel que el sistema financiero consideró insolvente. Faustino dio todo lo que tenía al insolvente. Este milagroso regreso suyo, después de diez años, es como la revelación de que algunas sementeras son inmortales y al fin la vida tuvo la última palabra sobre la muerte. Se cumplen ahora cien años del nacimiento del filósofo judío Emmanuel Levinas, que sin utilizar el término religión, intentaba buscar a Dios de lejos, sin utilizarle como un agente «económico», contemplado el hecho religioso como un vínculo entre el yo y el otro, abierto al absolutamente Otro, desde la dimensión de lo humano que sobrevive al post humanismo clásico. Quizá el trabajo pastoral de Faustino tenga que ver con aquella filosofía - Levitas se resistía a que le llamaran teólogo- pues como dijo uno el otro día, lo primero que nos enseñó fue a ser felices haciendo algo por los demás, luego vino el encuentro con la trascendencia como un regalo no anunciado, en línea con lo que don Tomás Malagon llamaría teología inductiva. Las alocuciones de los organizadores, luego la del alcalde de Astorga y la de Eva, fueron lo menos parecido a un puro trámite, nacidas de una identificación total y duradera, directas al pensamiento y al corazón de un auditorio entregado que había hecho de la vida del homenajeado un sendero para la propia existencia.

tracking