En la Cantina de Colinas
EL BIERZO como imán, Colinas del Campo de Martín Moro como espacio mítico, La Cantina como lugar de encuentro y reunión. Cuando algo se quiere de verdad no resulta difícil conseguirlo. Los representantes de El Colectivo Cultural «La Iguiada», del que uno forma parte, decidimos reunirnos hace unos días en Colinas para tratar temas varios acerca del futuro del Colectivo, que como algunos sabrán, a estas alturas del partido, edita una revistina cuyo nombre es La Curuja y posee el dominio nocedadelbierzo.com. Desde esta fragua quiero expresar mi agradecimiento a aquellos que han contribuido con sus colaboraciones a hacer posible tal proyecto, así como a quienes se han preocupado por darle difusión a La Curuja, como es el caso del Coordinador del Filandón, Alfonso García, Emilio Gancedo, redactor del Diario de León, o el maestro Trapiello, que en su columna del Diario, Cornada de lobo, también nos reseñó. Decidimos hacer una «quedada» en Colinas porque nos parece un pueblo singular, un sitio en el que llegado el caso uno podría practicar la meditación trascendental, y aun otras espiritualidades. Ya sabemos que la espiritualidad, en estos tiempos obscenos en que vivimos, no está bien vista ni tiene cabida en nuestra sociedad/suciedad. Pero a nosotros nos asquea la falta de sensibilidad. Colinas, además de un pueblo coqueto, resulta inspirador, esto es, entrañable. Tanto es así que aparece como escenario en una historia que escribiera hace algunos años. Por cierto, esa historia, «Duende leonés» tuvo un premio en el certamen literario del Festival del Botillo de Bembibre. Por tanto, uno se siente ligado afectivamente a este pueblo de la alta montaña. Colinas fue propuesto por nuestro paisano y amigo Pablo Arias, desde Dublín, lo que no fue impedimento para que se desplazara de la capital irlandesa hasta el Bierzo. Con ganas e ilusión seis personas nos reunimos en Colinas, sólo dos vivimos en el Bierzo. El resto viven fuera de la comarca, en Madrid y Alicante, aunque todos tengamos orígenes nocedenses, salvo Juanjo Rocamora, que nos acompañó como convidado de honor. A Rocamora ya lo tratamos como si fuera de casa. Fue un gran placer estar con Pablo, Ramón, Andy, Luis y Juanjo. Bajo la atenta mirada del Catoute charlamos, firmamos documentos, sacamos en claro cosas, y sobre todo disfrutamos de la compañía, la amistad y una comida excelente. Sin duda, el Bierzo Alto atrae como un imán, y La Cantina fue una realidad.