Un tuno en el Ayuntamiento
ES EL NÚMERO uno del Partido Popular del Bierzo, diga lo que diga el organigrama interno. Gobierna la institución más importante en tamaño, presupuesto y repercusión social de la comarca. Y desde ahora es de nuevo candidato a repetir como alcalde de la ciudad donde le vio nacer. Carlos López Riesco es un tuno nada tunante, pero ha aprendido la filosofía de vida de esta actividad juvenil. Los verdaderos universitarios, lo son ya siempre de por vida, conservando la apertura de mente, el estudio y el trabajo, sin olvidar la sana juerga hasta el fin de sus días. Pero Carlos, el alcalde, no lo tuvo fácil. En la memoria colectiva de la vieja Ponferrada todavía subyace el recuerdo de la trágica desaparición de su padre, un empresario de la construcción y hombre asociativo. En política tuvo un padrino de lujo, con defectos sí, pero un lince en el arte de la res pública en Ismael Álvarez. López Riesco entró de la mano de él en un Consistorio en el que a buen seguro cumplirá dos décadas de presencia. Media vida. Y eso que el alcalde es aún un rapaz, como decimos en Maragatería. Suceder a Ismael, del que se convirtió de facto en su mano derecha, no fue tarea nada fácil. El continuismo de política popular, que no populista, mantuvo el listón de resultados electorales muy alto. Desde entonces, Carlos siempre hace guiños públicos a su antecesor, aunque a nadie se le escapa que el temor a una candidatura independiente por parte de Ismael, siempre un rumor, podría mermar fuerza a su candidatura. Álvarez, ni confirma ni desmiente, a sabiendas que esta situación le lanza a la opinión pública en buena situación un día sí y otro también. Por otro lado está el equipo, con un núcleo duro de apenas media docena de nombres que comienza a dar síntomas de nesarios retoques. Alguno por edad, otros por acumulación de errores y nefasta imagen pública y hasta alguno que ya prepara, pasito a pasito, la sucesión del sucesor; es decir, algo así como el «ismaelismo en su tercera fase». López Riesco es plenamente consciente de todo ello y lidia, como buen tuno, con una oda y una sonrisa los avatares de este último año escaso de legislatura. Es tiempo de tocar teclas, de afinar instrumentos, de preparar un nuevo libreto, de escoger compañeros de orquesta y actuación, a la par que se recogen los frutos de lo sembrado los tres años anteriores de gobierno. Y no nos engañemos, aunque haya alguna sorpresa de última hora en caídas o apariciones en la candidatura, Carlos sabe mucho de esta música.