Diario de León
Publicado por
ALEJANDRO J. GARCÍA NISTAL
León

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SON días estos de trajín y desasosiego. Vivimos en un mundo en el que la sociedad se mueve a velocidad de vértigo y nuestro interior tiene que realizar un gran esfuerzo para seguir el ritmo, asimilar tanto cambio. Abrimos y abrimos frentes. Hacemos verdaderos compromisos de lo que en realidad es secundario y lo urgente absorve a lo realmente importante. Y sin embargo, unas cuantas personas, cada día más, tienen la suerte de parar su tren vital y reflexionar. Se toman, con la excusa de las vacaciones de invierno, un respiro. Algo así ha debido pasarle el expresidente de Castilla y León, Juan José Lucas, el que otrohora fuera un auténtico virrey en estas nueve provincias. Desde su dorado pseudoretiro, vicepresidente del Senado, nada más y nada menos, realizó recientemente unas declaraciones públicas en tono personal e íntimo rompiendo en parte su imagen de sempiterno alto cargo político español. El constructor del «granero popular», auténtico fortín electoral del PP, narraba cómo ha pasado de recibir «unas diez mil felicitaciones de Navidad a apenas unas mil. Pero son las que valoro, porque son de los que realmente son amigos». Un tufillo de reproche, y hasta algo de amargura se desprendía de sus palabras. Ahora, reconocía, además de los muchos cargos orgánicos internos que ostenta en el PP, «me llaman para temas muy concretos». Esto es, Lucas sigue en la brecha, pero ya no es el centro de poder que un día fue por sí mismo. El expresidente soñó con ser consejero, y lo fue, con ser presidente, y lo fue, con ser ministro, y lo fue, con ser la tercera autoridad de esta nación, y lo fue como presidente del Senado. Ahora, desde Madrid y Burgo de Osma, mira con cierto recelo hacia Valladolid, su etapa política más larga y exitosa. Manifiesta cierto temor a un sector de altos cargos de la Junta que están entrando con fuerza pero en los que echa en falta cierto amor y tradición al partido que los ha llamado. Es como si los denominados «neocon», nuevos conservadores, de 35 a 45 años, con currículums de cartón piedra ganados a golpe de talonario de papá, no estén dando el rendimiento adecuado en sus puestos de alta responsabilidad regional y les faltase la humildad y cercanía con la calle y el electorado tan necesarios para continuar la obra. Hay que leer entre líneas a este político de raza. Para evidenciar que, desde su experiencia, está enviando un aviso para los nuevos navegantes regionales de que se están deshumanizando.

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