Terruños
ESTE PAÍS se volvió loco. De fanatismo regional, comarcal, municipal, erial. Algo insólito en toda Europa, exceptuando la miseria balcánica. Ni en Rusia, estado gigantesco que es como dos mil Bierzos, hay tantos nacionalistas como aquí. Este país, España --¿me llamarán fascista por decir España?- está enfermo de señas de identidad. Y a Zapatero le parece bien. Todo le parece bien a nuestro bondadoso paisano. ¡Si hasta aprueba que las autonomías blinden sus ríos, algo que solo pertenece al reino de la literatura fantástica¿! Pues bien, yo estoy seguro de que habrá trasvase del agua del Ebro a la Comunidad Valenciana diga lo que diga el infumable estatuto catalán. Habrá agua del Ebro para Valencia, Murcia y Almería. Porque el agua del Ebro -tomada en la desembocadura- no perjudica a nadie. Y no existe alternativa. Y hay siete millones de personas desde Vinarós hasta El Ejido que necesitan agua. Y que valen más que los votos de ERC, uno de cuyos líderes dijo que ETA hizo más por la paz que el PSOE. ¡Menudos socios¿! Bien, me he ido por el agua, pero la cuestión de fondo es la misma: insolidaridad, odio, cerrazón. También he visto por ahí que el bercianismo anda con pancartas victimarias por castillos y consejos. Que disfruten y sueñen. También lo hacen esos mozos de Galicia que trafican con mapas donde invaden Bierzo, Sanabria y un tercio de Asturias. Gentes erráticas que, cuando son entrevistadas por las razones de su anexionismo, no saben qué decir. Sólo les sale un vacío petulante. Y necio. Gente excitada, gente de himnos y llantos, gente adoctrinada por clérigos exclaustrados, por adalides del onanismo territorial. Gente loca que anda por ahí, con banderas, con tergiversaciones. Porque la identidad colectiva no existe. Porque somos ciudadanos de España, de Castilla y León, de la provincia o del Bierzo¿ pero no somos una tribu, una secta. Tan berciano quien desciende de cuatro abuelos de Calamocos que el ecuatoriano que llegó anteayer y que trabaja limpiando ancianos. O en el andamio. Que no cuenten conmigo para ningún empeño segregacionista. Amo el Bierzo, nací aquí, quiero esta tierra, pero a partir de ese amor al valle, íntimo y compartido, aunque en el fondo solitario, ya solo acepto ser ciudadano de España. De su Constitución. Y me basta y no sé si me sobra. Pero luego viene el «unto» de la patria, de la aldea, del olor a vaca, de los eructos patrioteros, de los exabruptos, de los excrementos ¿Por qué hay tantos chiflados haciendo mapas, tejiendo malestares? Podían ir al gimnasio. O leer a Kafka.