Diario de León
Publicado por
JOSÉ ALVAREZ DE PAZ
León

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MIENTRAS algunos desmemoriados arrojan pináculos, florones y otros restos arqueológicos a un vertedero municipal en León, otros, como los vecinos de Espinoso, se movilizan en defensa de las eras del pueblo y los de Cabañas Raras, viajan a la Alpujarra al encuentro con sus ancestros, convencidos de que fueron pastores moriscos quienes en el siglo XVI montaron sus cabañas dispersas en estas tierras, como final de un éxodo de más de mil kilómetros, dando lugar al asentamiento que hoy conocemos como Cabañas Raras. Puede que sea, porque leyendo el libro de la leonesa Anabel Sandoval titulado A tus plantas, Alpujarra, uno no descubre solamente la identidad de cientos de `plantas medicinales compartidas en ambos territorios, sino los mismos métodos y aplicación de remedios, es decir el uso igual de las plantas silvestres, bien para tomarlas crudas como el llantén, los berros, el diente de león o el jugo de alfalfa, de ortiga o de moras, o en maceración, en polvo o en sopas y caldos, como pudiera ser el polvo de ortiga o la cola de caballo para combatir la anemia, la amapola para aplacar la tos o la violeta y sus conocidas virtudes balsámicas. Los mismos remedios caseros en forma de cataplasmas contra golpes, contusiones, heridas y varices los ha venido aplicando la sabiduría popular en el Bierzo y la Alpujarra, que bien precisarían de ellos los pastores levantiscos en su periplo no exento de incidencias y penalidades hasta plantar sus tiendas y cabañas en el Bierzo, donde difícilmente hubieran arribado sin la ayuda y el remedio de las tinturas y maceraciones dejadas a reposar a la luz de la luna, según era costumbre, dispuestas para dar las friegas y tonificar los músculos, o las maceraciones de manzanilla y aguardiente para aliviar los dolores de estómago, según la medicina tradicional de aquellos moros conversos expulsados de todas las Españas, que curarían las hedidas de los pies castigados por largas caminatas con aceite de hipérico macerado al sereno y aún hoy con el mismo remedio y con la crema de caléndula sigue aliviando la sabiduría popular las grietas de la piel, castigada por largas caminatas. Veo la fotografía de los vecinos de Cabañas en su viaje a tierras granadinas, en sintonía con la movida de los Espinoso de Compludo defendiendo el espacio tradicional de las eras de su pueblo. Las colectividades rurales, por pequeñas que sean, que saben mirar al futuro sin olvidar sus raíces, merecen un respeto

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