Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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PONFERRADA son muchas ciudades, igual que cada persona son muchas personas. Y más. Pero Ponferrada, sobre todo, es esa villa antigua que empieza en el edificio del Ayuntamiento y que alcanza hasta las callecitas populares del barrio de San Andrés. Esta Ponferrada ahora está en ascuas y eso es muy importante. Ascuas por la exposición de las Edades del Hombre, sin duda, pero sobre todo porque esa zona de la urbe -su origen-, va a quedar muy bien articulada. Armoniosamente. Y lo que uno sabía que era bonito pero destartalado y pobretón, ahora va a convertirse en una agradable ruta arquitectónica. Un camino feliz para disfrutar observando rostros y casas, flores y novedades, rincones con fuentes y risas; calles honorables. A la ciudad le faltaba un recorrido así, tamizado de respetos históricos. Una calle mayor del tiempo y de la vida. Del amor y de los novios y de los amantes que pasearon por ahí desde los años templarios. Y de los mercaderes, que también pasearon, y de los políticos. Y de los prelados y los ateos, los ricos y los pobres, los ancianos y los jóvenes. Y nosotros. Nosotros, que es lo que vale, los que estamos vivos. Caminando por esa Ponferrada de piedra. Ningún edificio es extraordinario -salvo el castillo-, pero todos juntos configuran un conjunto muy estimable que nos recuerda algo que a veces se olvida: que Ponferrada es tan capital del Bierzo como Villafranca, y me refiero a términos históricos. Aunque fuera la querida villa del Burbia la cabeza de la efímera provincia. Y, por cierto, yo también pediría que fuera Villafranca esa capital si la provincia reapareciera. Algo impensable, claro. Villafranca la bella, la ciudad de los versos y la alameda, duplicada de capital de juguete, con sus oficinistas de plastilina. Pero vuelvo a Ponferrada: a esa calle nueva de la urbe que partiendo de la plaza del Ayuntamiento pasa por el arco del Reloj, el museo, el convento, la plaza de la Encina, la basílica, la casa de los Escudos y para rematar todo en la grandiosa fortaleza templaria, catedral civil del Bierzo. Esa ruta es una fronda de piedra atrayente y sabrosa. Puro Gil y Carrasco. Y a uno le gusta saber que es de ahí, que anduvo por ahí de niño. A uno le gusta saber que esas calles le vieron entonces, cuando el mundo era solo la ciudad y le parecía infinito. Y de nuevo a caminar entre gatos y almas, entre memorias y sueños. Entre piedras. Entre Ponferradas muertas y vivas. Donde vinimos a aparecer en este planeta.

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