Diario de León

Siempre tenía varios ejemplares del «Señor de Bembibre» para regalar

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Este periódico se ha puesto en contacto con la viuda de Maximino Rodríguez, María Teresa Centeno, que actualmente pasa unos días de reposo en su Salamanca natal, concretamente en La Fregeneda. «Fui alumna de él. Me regaló el Señor de Bembibre. Siempre tenía en casa cuatro o cinco ejemplares para regalar. Le encantaba hacer el recorrido por los lugares en los que transcurre la narración». Enamorado del Bierzo, repartían sus vacaciones entre los dos lugares de origen de ambos, por lo que al menos una vez al año Maximino volvía a su Tremor de Abajo. Teresa, a pesar de ser farmacéutica, cultivó y cultiva la afición de la pintura. «Acabé enamorándome yo también del Bierzo y pintándolo en mis cuadros». Su mujer, aún enamorada cuando habla de su difunto marido, explica que su carácter «era sociable, pero no de vida social. Quiero decir que se entregaba a la sociedad a su manera. Le encantaba quedar con amigos en las casas propias, pero en 41 años jamás pisó un bar o una cafetería. Huía del bullicio. Siempre le gustó vivir a las afueras de las ciudades con naturaleza y libros por paisaje». Aficionado al ajedrez hasta el punto de serle prohibido por el padre, jugaba de memoria por la calle con amigos, e incluso simultáneas de espaldas. Los sellos, eran otra de sus aficiones. María Teresa se quejaba porque «siempre la ciencia me comía el tiempo. Pero lo cierto es que el cariño y la entrega hacia mí me compensó».

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