La media semanal se mantiene por encima de las diez mil visitas y la diaria es de 1.812 personas LA MOSQUERA
Las Edades del Hombre llegan a 30.000 visitantes en sus tres primeras semanas Vinos olvidados
Sólo el pasado sábado, se contabilizaron más de tres mil personas en las dos sedes
Las Edades del Hombre caminan con paso firme en Ponferrada. La muestra de arte religioso, que bajo la leyenda «Yo Camino» reúne a 131 piezas de escultura, pintura, orfebrería religiosa en las dos sedes de la basílica de La Encina y la iglesia de San Andrés, alcanzó en su tercera semana 29.820 visitantes, manteniendo la media semanal por encima de las diez mil visitas y la media diaria en 1.812 personas, después de sumar ya 17 días hábiles abierta al público. Las buenas cifras permiten a la Fundación Las Edades del Hombre mantener su objetivo de alcanzar los cien mil visitantes en julio, y superar la barrera de los setecientos mil cuando cierre sus puertas en el mes de noviembre. La llegada del buen tiempo y de las vacaciones estivales hacen prever que la media de visitas se elevé en las próximas semanas. La muestra, inaugurada el pasado 8 de mayo con la asistencia del presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, arrancó con 8.714 visitantes en los cinco días que permaneció abierta en su primera semana. Ya en la segunda, con seis días hábiles -los lunes está cerrada- subió hasta 10.872 y en la tercera semana ha experimentado un ligero descenso con 10.234, pero siempre por encima de las diez mil visitas. Los complementos audiovisuales y el recorrido por la pasarela del Camino de las Estrellas están contribuyendo a aumentar el atractivo de la exposición. DOS AGRADABLES descubrimientos que he tenido este año, han sido los oportos portugueses y los vinos del Douro por un lado y por otro los vinos andaluces. Hallazgos sorprendentes que han anulado mis prejuicios hacia estos vinos olvidados. Aún así el estilo vintage y decante siempre me ha gustado, y el volver la vista hacia atrás y reencontrarse con los orígenes del negocio del vino, siempre me resulta tentador. Los vinos portugueses se están modernizando, cada vez más del gusto actual y con presentaciones muy atractivas, aunque siguen conservando cierto aire de sobriedad británica, inaccesibilidad y digno olvido. Aunque su consumo se ha reducido, como los vinos andaluces, donde siguen teniendo presencia es en exportación en mercados como el anglosajón, donde la «redecilla dorada» sigue vendiendo, hecho que pude comprobar durante la London Wine; los stands con más público y las catas más exitosas fueron las de los vinos portugueses. A diferencia de los vinos portugueses, los andaluces, carecen de esta renovación y su consumo sigue siendo muy localizado. Mi encuentro con los vinos andaluces, fue de la mano de una de las marcas más reconocidas en Andalucía, Herederos de Argüeso. Pude probar una de sus manzanillas más reconocidas y laureadas por los críticos, la San León,. Un vino maduro, de ocho años, muy interesante en nariz y con gran untuosidad en boca. No en vano, fue elegido mejor vino de España por la Guía Peñín, entre los más de 10.000 que recoge cada año en sus páginas, otorgándole 97 puntos sobre 100. Un premio dado a tenor de la calidad y originalidad de este vino en su categoría. Además de buen vino, Herederos de Argüeso tiene una larga historia vinícola, surgieron en el año 1822 por obra D. León de Argüeso, un ciudadano burgalés que se enamoró de la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda, compró una bodega y se dedicó a la elaboración de manzanilla. Con el paso del tiempo, la familia fue adquiriendo nuevos viñedos e incorporando otras bodegas de la zona, lo que permitió un crecimiento progresivo y una paulatina consolidación dentro del área geográfica comprendida por la provincia de Cádiz y, en general, Andalucía Occidental. Su experiencia casi bicentenaria y sus procesos artesanales les permiten ofrecer toda una gama de productos de alta calidad, además de la manzanilla elaboran un amplio surtido de olorosos, amontillados, palos cortados, vinos de Jerez y moscateles. Un mundo tentador y casi olvidado, pero que nunca es tarde para recuperar.