Diario de León
Publicado por
JOSÉ A. ÁLVAREZ FIERRO
León

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ANDA QUE más de uno no se estará acordando desde hace días de un tal Víctor D'Hondt, el jurista belga que ideó el actual sistema de reparto de escaños que lleva su nombre y que se emplea en España en los procesos electorales. Siempre se han quejado las fuerzas minoritarias de que la Ley D'Hondt favorece a las mayorías, pero es que además ahora, tras las últimas elecciones municipales, algunas están sufriendo en carne propia las «injusticias» de este método. Si no, que le pregunten a IU-LV en Ponferrada, cuyo ingreso o no en la Corporación Municipal depende de dos votos. ¿Sería justo que 1.749 ciudadanos que han votado a esta coalición se quedasen sin representación municipal durante cuatro años por dos votos? Pero es que a raíz de esta reclamación y de las del PP en relación al «préstamo» de votos del PAL-UL a la UPL, ha venido una retahíla de ellas que han puesto al descubierto las vergüenzas del proceso el pasado 27 de mayo; votos nulos que se recogen en las actas pero que después no aparecen o urnas desprecintadas durante las votaciones son algunos de los gravísimos ejemplos que nos llevan a preguntarnos si vivimos realmente en un país de los llamados desarrollados y si además, en próximos comicios, al igual que sucede en lugares donde la democracia y sus mecanismos son endebles, será necesario el envío de observadores internacionales. Si las recientes elecciones municipales han sacado a la luz múltiples y variadas irregularidades, ¿cuáles se habrán podido dar entonces hasta aquí en todas las anteriores de nuestra trayectoria democrática, en las que nunca los resultados se observaron con lupa como tras el 27-M? Es para echarse a temblar. Lo mínimo que se podría pedir, o más bien se debería ordenar hacer, en aquellas mesas que han sido impugnadas, como por ejemplo en las que el voto nulo no aparece, es la repetición de las elecciones. A no ser, claro está, que David Copperfield o Anthony Blake hayan sido los verdaderos causantes de la misteriosa «evaporación» de los sufragios. Qué triste es para cualquier ciudadano que haya ejercido su derecho en las urnas llegar a preguntarse, tras el bochornoso espectáculo postelectoral al que estamos asistiendo: «¿dónde estará mi voto?», al igual que Manolo Escobar se preguntaba dónde estaría el carro que le robaron. Lo que pasa que aquí ha sido a plena luz del día.

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