Diario de León
Publicado por
JOSÉ Á. ÁLVAREZ FIERRO
León

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MÁS QUE votar, da la sensación de que en las últimas elecciones, ante el bochornoso trapicheo al que estamos asistiendo, el desamparado ciudadano ha «prestado» su voto a fríos y calculadores negociantes. Aprovecharse del pagador de impuestos cada cuatro años no es nada nuevo, pero distribuir su sufragio como se está llegando a plantear en determinados lugares, está convirtiendo el espacio postelectoral en un nauseabundo y detestable mercado negro del voto donde hay quien, por no dejar el sillón, está dispuesto a lo que sea en un gesto desesperado e insultante hacia los que le han «prestado» su confianza, lo cual también se puede aplicar a quien trata de alcanzarlo por primera vez aún habiendo quedado rezagado en el pelotón. Ejemplo de lo primero sería lo que ha intentado el PP en León, llegando a ofrecer nada más y nada menos que la Alcaldía a la UPL con tal de cogobernar en «casa» de Zapatero. Y claro, la situación es rocambolesca. Por un lado hemos tenido al Señor Rajoy en campaña predicando por activa y por pasiva que debería gobernar la lista más votada, y resulta que sus colegas van y le ofrecen el puesto de primer edil a la menos votada de las que han obtenido representación. Y a todo ésto, sin contar cómo tendría que sentirse un «prestamista de voto» del PP que no comparte las tesis de la formación leonesista. Por otro lado tenemos al PSOE en Navarra, dispuesto a alcanzar la Presidencia de la Comunidad Foral como fuere, a pesar de haber sido, ya no la segunda, sino la tercera fuerza más votada. Y con los que otrora era impensable, resulta que ahora pueden convertirse en sus compañeros de viaje. ¡¿Y qué me dicen de Baleares?! Donde los 'populares' han llegado a ofrecer a Unió Malloquina la posibilidad de presidir durante un año de la legislatura el gobierno de las Islas para así seguir en el poder. En fin¿ la democracia es imperfecta, que diría algún listillo negociador. Si ya pocos cauces de participación real en la política y en la vida pública tiene el ciudadano, entre ellos el derecho a voto, a ello hay que sumar respecto a este último que ni siquiera llega a tomar partido en todo el proceso. Parece que te están diciendo: «Danos tu voto, que ya veremos después lo que hacemos con él». Y claro, a uno, además de meter la papeleta en la urna, también le gustaría en determinados casos participar en la decisión de qué hacer con ella en el cenagoso mercado postelectoral. Pero está claro que una vez que la has metido¿ a esperar otros cuatro años.

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