| Reportaje | Nuestras otras culturas |
El fin del Ramadán en el Bierzo Los treinta días de Siyam
Los musulmanes que viven en la comarca celebraron ayer el final de su mes sagrado, en el que le fue revelado el Corán a Mahoma. El ayuno abrió paso a la celebración familiar

La mujer de Mohamed, Asia, prepara el roti para el «desayuno»
No sólo el Día de la Hispanidad fue festejado ayer en el Bierzo, decenas de musulmanes que viven en la comarca celebraron también el Edeid , que conmemora el final del mes de Ramadán, mes sagrado marcado por el ayuno (siyam) -está prohibido comer, beber y mantener relaciones sexuales- desde que sale el sol hasta el ocaso. Una abstinencia que está llena de significado para los musulmanes, según señala Mohamed Siddique, un pakistaní que vive en Bembibre desde hace más de 30 años, «porque el ayuno para nosotros no es una prohibición, es algo bueno para nuestro organismo, para purificarnos, y el Ramadán no es solo ayuno, es un mes en el que nos entregamos a la oración y la meditación, un mayor contacto con Dios». En Bembibre viven casi un centenar de pakistaníes, la mayoría han trabajado o trabajan en la minería, una actividad que, por la humedad y el esfuerzo, no es fácil realizar en completo ayuno, pero que muchos musulmanes son capaces de afrontar porque para ellos es toda una prueba de su fuerza de voluntad. Una práctica que también ha sido posible gracias a la comprensión de compañeros y empresarios, apunta Mohamed, «que siempre nos han dado permiso para salir unos minutos a realizar la oración y comer a la puesta del sol». Recordar que en los países árabes, como puede ser Egipto o Marruecos, la productividad baja durante el mes de Ramadán y se cambian los horarios de servicios públicos como museos o bancos para hacer más llevadero el duro ayuno. Los musulmanes de Bembibre celebraron así el fin del Ramadán acudiendo, a las 10.00 horas, a la Mezquita para hacer la oración, que a esta hora corresponde sólo a los hombres, y después todos comieron en familia. Las chilabas se hacían sitio entre los vaqueros y las deportivas, mientras los más pequeños también participan de las costumbres, para mantener vivas sus raíces. Unos niños que serán ejemplo de la integración del mundo islámico en la sociedad berciana. Y es que como dice Mohamed, el conocimiento y el respeto son la mejor herramienta para evitar los conflictos culturales y religiosos. «Inshala» (Si Dios quiere). Cualquier día de Ramadán, con las primeras luces del alba comienza el ayuno, un poco antes tiene lugar la primera oración Fayr, seguida de Dhur (a medio día) y Asr (a media tarde). Cuando se acercan las ocho de la tarde, la familia empieza a preparar la mesa, hay que romper el ayuno inmediatamente después de la puesta del sol y al comienzo del tiempo de la oración de Magrib. El musulmán es generoso y es habitual invitar a la mesa y dar de comer al más necesitado a la hora del «desayuno». Las mesas se visten de ricos manjares, del roti (pan) y otras delicias. La última oración del día será la de Ishaaque, cuando ya es noche cerrada. Con este horario, en el mes de Ramadán es común que las calles de las principales ciudades árabes se llenen por las noches y la actividad de los mercados sea frenética a esas horas.