Diario de León

OPINIÓN

Históricos del PSOE e identidad leonesa

Publicado por
WENCESLAO ORALLO (EX SECRETARIO PSOE PONFERRADA)
Ponferrada

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LOS ADECUADAMENTE definidos por la prensa de estos días como históricos del PSOE, es decir, quienes jugaron su papel en la historia de esta comunidad posicionándose, acertadamente o no, en favor del actual diseño territorial de Castilla con León, parecen no resignarse a que el debate político del presente esté dirigido por quienes gobiernan este presente. Para ellos -muchos de estos no favorecidos precisamente por el electorado- la legitimidad del debate León solo o León sin Castilla pasa por su histórico posicionamiento cuando lo que se discute es este mismo. Es decir, si un debate legítimo desde la identidad leonesa requiere atender aquel posicionamiento histórico o, por el contrario, admite una nueva lógica argumental -siempre constitucional- basada en la experiencia del modelo en su día acordado y que pudiera no ser el más apropiado en el presente. El caso de Francisco Fernández, alcalde de León, es paradigmático de esta situación. No importa que éste se haya presentado ante sus ciudadanos sin la carga histórica heredada del posicionamiento de su partido y estos le hayan apoyado mayoritariamente. No importa que los denominados «leonesistas» lo hayan hecho en este sentido desde sus orígenes; lo que importa al argumento de los rehenes del pasado es presentar un elemento falaz al debate: el que Francisco Fernández (PSOE de León) defiende la autonomía de León como situación derivada de su particular condicionamiento para gobernar una ciudad y no como producto de una reflexión crítica del diseño autonómico, cuestionado a lo largo de los últimos años por una buena parte de la ciudadanía. Este cuestionamiento, aunque presentado con diversas formas internas territoriales -leonesismo, bercianismo, etc- no dejan de ser expresiones que se unen en un solo elemento identitario cuyo nexo conductor es el rechazo al diseño autonómico actual el cual parece no responder al principio constitucional de acercamiento de la administración al administrado. Lo que se discute no es una identidad basada en la lengua -elemento de ínfimo peso que más que ayudar a la reflexión, la perjudica- sino una identidad basada en la localización de los centros de poder y de su producción legislativa territorial cuyo origen identitario reside precisamente en el modelo constitucional del estado y que ninguna voz de peso de otra región o autonomía ha cuestionado dentro de su territorio. Pretender por los históricos de los dos importantes partidos que el diseño territorial está cerrado para León implica suponer que nuestra Constitución es rígida e inflexible ante cualquier experiencia. Lejos de esto, nuestra Constitución es flexible y, en su propia esencia descentralizadora, racional y lógica. El debate deberá ser trasladado, por tanto, a si la producción legislativa territorial y sus centros de decisión responden convenientemente a todo el vasto espacio de Castilla y León -una Castilla con mayor peso agrícola y un León más industrial- o, por el contrario, si sería más racional segmentar la autonomía y dirigir una nueva a la específica identidad industrial de los ciudadanos de este territorio. Esta segmentación, de consecuencias políticas favorables para los partidos de izquierda, está siendo frenada paradójicamente por políticos de este territorio que por mucho que se presenten como progresistas no coinciden, sin embargo, con la «cultura estructural» de los ciudadanos de Castilla. A los históricos resultados electorales de la autonomía me remito.

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