Diario de León
Publicado por
MANUEL CUENYA
León

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LOS PÁJAROS, que son o deberían ser una alegría para el ser humano, molestan al parecer a algunos vecinos ponferradinos, los que viven, supongo, en los aledaños del parque Plantío. Uno también vive cerca de este parque, y no siente que sea para tanta alarma social. Uno tiene la impresión de que el personal se ha vuelto tan urbanita y tan agilipollado, con perdón para los gilis, que ya no soporta el ruido de unos pardales. Hablamos de los estorninos del Plantío. A uno lo que le molestan son los ruidos de coches a su paso por la Avenida del Bierzo, la música-ruido que produce un toca-toca o una teletonta a altas horas, los ruiditos que te hace el vecino al taladrar algún techo o pared, al tirar de la cadenita del retrete, o darle candela al agua para bañarse en horarios imposibles, sobre todo cuando uno intenta conciliar el sueño. Pero que unos pájaros hagan ruidos no puede ser motivo de agobio ni de timbrazo social, salvo que éstos sean unos asesinos, como bien nos mostrara Hitchcock en su terrorífica película. A lo mejor es que al vecindario le ha entrado un pánico irracional, luego de ver Los Pájaros, y creen que los estorninos del Plantío también son unos psicópatas, que les acabarán sacando los ojos. A menudo cruzo El Plantío, y oigo el griterío de los pájaros, y eso me reconforta y a la vez me devuelve a la naturaleza, de donde nunca el ser humano debió salir porque nos hemos vuelto tan «fisnos» y asépticos que hasta el ruido de un animal nos incomoda. En cambio, soportamos decibelios maquinales y ruido informativo por arrobas y eso no nos mueve ni un pelo. Así somos los humanos demasiado animales, que aspiramos a vivir en una burbuja, en un zoo humano, la ciudad de la que nos hablara Desmond Morris, mundo postizo cuyo meollo artificial se nos resquebraja por todos los poros de su cañería. Dejen que los gorrioncitos soplen la gaita y bailen muñeiras sobre los árboles, que también tienen sentimientos y necesitan cobijarse de las heladas otoñales, que comienzan a encarambanarnos el ánimo. No hagan dramas ni tragicomedias de algo que no da ni para un mal sainete. No se pongan estupendos, estimados convecinos, y disfruten de las griterías y/o greguerías pajariles, que llegarán tiempos en que ni los animales nos cantarán tonadas desenfadadas porque estarán, a buen seguro, igual de enfermos que nosotros, humanos demasiado animales.

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