Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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DENTRO de pocos años, Ponferrada será una ciudad de muchas razas y algunos credos, de muchas gentes mestizas y de tantos bares cubanos y rumanos, albaneses y senegaleses, bengalíes y somalíes. Una gran urbe en pequeño. Y ya casi lo empieza a ser. Y esta realidad es conveniente, creativa, intercultural. Y definitiva. Porque muchos de los inmigrantes aquí se quedarán, o sus hijos, aunque sus padres regresen a pisar nuevamente las avenidas de Dakar o de Dacca; de Tirana o de La Habana. En la Ponferradina, que siempre estará en segunda como poco, jugarán entonces muchachos aceitunados o cobrizos, nacidos en Cuatrovientos o en La Puebla, y también en el casco viejo, donde pronto habrá una villa bella, recuperada y bien pintada, que falta hace. Una ciudadela de aromas bajomedievales, unida al mundo al estilo del Bierzo, pero todo muy internacional. Como procede. Ponferrada está dejando de ser blanca y nacional, del noroeste y de las nostalgias de los montes y los pueblos, y de las lenguas que no se hablaron nunca en la ciudad aunque algunos defienden lo contrario, envueltos en banderas y sueños expansionistas. Ponferrada está dejando de ser tan asturicense en lo religioso, para convertirse en americana, y pronto veremos a esos grandes coros espirituales negros en los altares católicos. Para sorpresa y gozo de la feligresía. Ponferrada nueva y universal; la de los idilios entre búlgaras y portugueses; entre lindas paquistaníes y blancos hombres de Armenia. Ponferrada de las peluquerías colombianas, de las cantinas mexicanas, de los cafés moldavos y de las teterías musulmanas, que ya vienen. Ponferrada de las dulces chicas neobercianas de apellidos balcánicos y de los hombrones que vinieron de Bosnia y que ahora comen botillo y siguen a la Deportiva. Ponferrada de los samovares y de los que ceban mate por las barriadas que más se parecen a la Pampa; las de poniente. Ponferrada de los laboriosos hombres de los Andes. Y de las dulces ucranianas que echan de menos la calidad de la enseñanza de su país, que no todo es dinero y lujo y consumo. Ponferrada de los gitanos húngaros, con sus violines y sus canes. A mí me gusta esa ciudad. Y será compatible con la otra, con la de los trenes y el color sepia. Todo puede convivir. Y es una suerte grande que vengan a vivir con nosotros gentes de tan lejos. Ya lo dijo Octavio Paz: la modernidad empezó el día en que un hombre abandonó su casa, su familia, su ciudad, y se fue mundo adelante. Y todo compatible con la Virgen de la Encina. ¿Quién la sacará? Los polacos, los eslovacos, los eslovenos¿ Y los bercianos.

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