Diario de León
Publicado por
JOSÉ ÁLVAREZ DE PAZ
León

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VEO LOS RESTOS del naufragio en la playa de los Cristianos, al fondo las luces de la tierra prometida. Aún alientan algunos. Me recuerdan a los que ví paseando, altos y elegantes en su pobreza extrema, por las verdes praderas junto a las fuentes del Nilo. Dice un superviviente que la travesía duró 21 días. A medida que sus ocupantes morían, eran lanzados al mar, hasta que ya nadie tuvo fuerzas para ese mínimo gesto humanitario. El peor naufragio de este año fue el 19 de julio; oficialmente se ahogaron cincuenta, pero los supervivientes contaron 88 desaparecidos al volcar la embarcación. Según la Guardia Civil van ahogados uno por cada día de este año que acaba. Podría ser un santo más en cada hoja del almanaque, si alguien recordara sus nombres, su vida y milagros. Algunos eran niños, pero tampoco habrá memoria de ellos, publicar sus rostros va contra la ley. Sólo sabemos que seguían a sus padres, pues como enseña el sofista Gorgias, es ley natural que el fuerte vaya a la cabeza y que el débil le siga. Trabajamos durante cinco años en la Asamblea de África, en iniciativas y proyectos para la formación profesional, cuando las ayudas europeas para el desarrollo y la cooperación eran relativamente importantes a través de los Convenios de Lomé. Miles de millones de «ecus» neutralizados por la mecánica del deterioro de las relaciones de intercambio, esa ley económica omnipresente cuando un país desarrollado comercia con un país pobre; sabiendo que le venderás las piezas de recambio, no es mal negocio regalarle un tractor al moreno. Conocimos dirigentes bien equipados y audaces, dispuestos a civilizar las relaciones comerciales por las buenas o por las malas. Han saltado desde la guerrilla al Estado, dando la razón a los filósofos de la fuerza y a Nietzsche cuando afirma que el poder es fruto de la conquista. El pasado fin de semana se celebró en Lisboa la cumbre euroafricana donde unos y otros hablaron, una vez más, de «complementariedad euro-africana», reclamando ellos un trato de igual a agual, no colonialista, y el abandono de la política comercial proteccionista que asigna tres veces más recursos públicos a una vaca europea que a un africano desposeído. No quiero amargar estas fiestas a nadie, pero nuestro modo de vida tiene que ver con esos viajes a ninguna parte de los subsaharianos que no vienen atraídos por el efecto llamada, no. Su lanzadera es el efecto miseria.

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