LA TRILLADORA
La calle es tuya
POCO ANTES DEL cambio de año fueron vecinos del barrio ponferradino de Compostilla y ahora, poco después, lo son los de La Placa quienes se deciden a abandonar la confortabilidad del hogar para salir a la calle a reivindicar ante sus dirigentes la solución y mejora de cuestiones básicas. Para algunos estamos ante movilizaciones circunstanciales y próximas en el tiempo, que incluyen también finalidades de tipo político, pero para otros, sencillamente se trata de la punta del iceberg de un movimiento por parte de la ciudadanía que, tras varios años de críticas y lamentos desde el sofá, empieza a darse cuenta de que realmente el poder reside en ella, en la soberanía del pueblo, el cual moral y éticamente tiene además la obligación de velar porque así sea cuando las instituciones democráticas se exceden o se quedan cortas en el ejercicio de unas funciones, apartándose de su vocación de servicio y persecución del bien común. La calle siempre ha estado ahí, como escenario de todos y para todos a la hora de expresar vítores, reclamaciones, denuncias y condenas; las nuevas tecnologías han traído consigo nuevos cauces de expresión en libertad, pero que a priori vienen a ser una suma de individualidades, siendo en la calle donde esas individualidades se funden en un colectivo, en una sola voz respaldada por el grupo. Lo pudimos ver, por ejemplo, en la jornada previa a las últimas Elecciones Generales en nuestro país, donde la acción individual del mensaje corto vía móvil alcanzó su fuerza real con la colectividad en la calle. Tengo la sensación de que, a tenor de los difíciles tiempos que se avecinan -necesarios por otro lado para corregir desajustes y regresar posteriormente a una situación de equilibrio-, la calle volverá a recuperar su protagonismo como sincero e influyente cauce de expresión de una ciudadanía que saldrá a ella para exigir respeto y atención hacia sus necesidades; y lo hará de motu propio, como grupo consciente, que por sí mismo busca solucionar o minimizar sus problemas cotidianos, no como una masa influenciada o intoxicada, utilizada como ariete en campos de batalla que alienan al ciudadano y lo convierten en herramienta. A buen seguro que volverán las movilizaciones originadas por la necesidad y alejadas de elementos frívolos y ajenos a su causa que, sin embargo, en los últimos tiempos paracen poblar grandes manifestaciones puntillosamente diseñadas, dirigidas y apoyadas en la mercadotecnia.