Delenda est... la Comarca
EL PROCESO de mixtificación desplegado contra el Consejo Comarcal de El Bierzo sigue consumiendo etapas inexorablemente. Parece mentira, pero tres lustros después aún hay que empezar explicando de qué va la cosa, para qué sirve y qué es una Comarca en el sentido jurídico-político del concepto. Hacia dentro, una Comarca es una agrupación de municipios que garantiza los servicios que, aun siendo competencia de los Ayuntamientos componentes, exceden de las posibilidades individuales de todos o de varios de ellos. Hasta aquí, muy fácil de entender, puesto que es lo mismo que realizan, a diferente escala, instituciones tan conocidas como las Diputaciones Provinciales y las Mancomunidades: son centros receptores de fondos y distribuidores de obras y servicios a los municipios miembros. Pero la Comarca, a diferencia de Diputaciones y Mancomunidades, es algo más, tiene otras connotaciones políticas, una definición hacia fuera: los municipios no se agrupan en ella por casualidad, sino en función de características comunes (geográficas, históricas, sociales y económicas, básicamente) que le confieren un «hecho diferencial» respecto a otros entes. La Comarca, en definitiva, aspira a organizar a su modo -con autonomía- la porción de cosa pública que le incumbe y a gestionar los servicios con competencias, que hoy ejercen las Comunidades Autónomas, a través de delegaciones y transferencias suyas. Dos líneas, pues, de competencias comarcales: todas las atribuidas a los Ayuntamientos que no tengan capacidad para desarrollarlas (recogida de residuos, protección civil, policía administrativa, ordenación del tráfico, extinción de incendios, disciplina urbanística y demás que remiten directamente a los pequeños municipios) y todas las de carácter supramunicipal que no deban gestionarse en régimen jerarquizado o «desconcentrado» (excluye, pues, los llamados pilares del Estado del Bienestar: sanidad, educación, pensiones y asistencia social) y sí las que puedan serlo en régimen de autogobierno (turismo, patrimonio, consumo, medio natural, formación y empleo, familia, industria, drogodependencias y demás que hoy apuntan a la Comunidad Autónoma). «¿Qué está pasando en El Bierzo?» Algo que vislumbramos hace tiempo y que confirma cada nueva medida exterior: la Junta de Castilla y León no quiere Comarcas y, como tampoco se atreve a disolver la que hay (obra suya, a la postre), la viene sometiendo a toda suerte de privaciones: insuficiencia de recursos, desconfianza, control inquisitorial, amenazas y, para maquillar la nada, una docena de delegaciones intrascendentes: registro de asociaciones y de actividades artesanas, autorización de fuegos artificiales, de juego de chapas, inspección de bares y cafeterías, y otras de parecido fuste. Así, claro, la Comarca no madura nunca y los municipios son incapaces de divisar de qué manera pueden recibir del Consejo Comarcal servicios que mejoren la calidad de vida de su gente, se resignan a seguir cobijando ciudadanos de tercera división. Nada para el Consejo Lo más llamativo se produce cuando se trata de infraestructuras: que se construye un recinto para ferias comarcales, se adjudica al Ayuntamiento de Carracedelo; que hace falta un órgano gestor de la estación depuradora del Bierzo Bajo, se crea una nueva Mancomunidad; que urge un parque comarcal de bomberos, se entrega al Ayuntamiento de Ponferrada (¿alguien se acuerda de que fue asignado expresamente al Consejo en el convenio-marco de 2003 y se le donó una parcela para tal menester en el polígono de Cabañas Raras?); y, para colmo, no puede organizarse un servicio comarcal de recogida de basuras, porque es insostenible sin Ponferrada, o un servicio comarcal de recaudación, porque vacía el de la Diputación. Menos mal que el Consejero de Interior (y Justicia) está al quite y, antes de volverse el otro día para Valladolid, ha compensado «in situ» al Consejo Comarcal con un incremento del 7,5 % en los fondos asignados, el mismo porcentaje en que crecen los presupuestos de la Comunidad (en espera, eso sí, de otro convenio-marco en 2009), y una nueva Ley de la Comarca dentro de esta legislatura «que no puede contemplar la elección directa de los consejeros comarcales». Patético. Lenta, calladamente, sin dignidad y sin honor, arrastrando su caricatura, en falsificación permanente, entre la indiferencia más absoluta, se va disipando el último sueño de autonomía berciana, privando a su mundo rural de la última esperanza de redención, destruyendo el Consejo Comarcal¿ ¡Delenda est la Comarca!