El ministro en un mar de algodón
El castillo de Cornatel sobre la niebla impresionó tanto o más que Las Médulas a Alonso. La asociación de amigos le pidió ayuda del Gobierno para continuar la rehabilitación

La comitiva de Alonso visitó el castillo después de Las Médulas
Un mar de niebla ocultaba ayer el Bierzo de los ojos del ministro de Defensa, que se asomó a los balcones del castillo de Cornatel, observó sus muros, apreció la base rocosa sobre la que se asienta y no pudo ocultar su admiración por la fortaleza y por su entorno inexpugnable. «Es un castillo formidable, muy literario y muy cinematográfico», le espetó al presidente de la Asociación de Amigos del Castillo de Cornatel, Daniel Fernández, antes de entrar en la Torre del Homenaje. Cornatel impresionó a José Antonio Alonso tanto o más que Las Médulas, quizá por que el recorrido por las antiguas minas de oro hubiera requerido más tiempo para apreciar toda la majestuosidad de los picachos de arcilla. Alonso dedicó la mañana a visitar dos de los lugares más emblemáticos del Bierzo antes de concluir su estancia en la comarca con una comida en Puente Domingo Flórez, municipio donde el PSOE estrena gobierno de coalición con el Mass tras desbancar al PP con una moción de censura, a la que asistieron alcaldes y cargos políticos socialistas, además de los miembros de la candidatura del PSOE al Congreso y al Senado, que se convirtieron en la sombra del ministro durante toda la mañana. Siempre a su lado, los candidatos al Senado y responsables provincial y comarcal, respectivamente, Miguel Martínez y Antonio Canedo, además de la número cuatro Helena Castellano, cuyo lugar no quiso la diputada Charo Velasco, y la alcaldesa de Villablino y también aspirante al Senado, Ana Luisa Durán. Alonso, que en su calidad de ministro de Defensa había tenido tiempo de elogiar ante la prensa la labor de reconstrucción que realizan las tropas españolas en Afganistán, se interesó en Las Médulas por la escasa cantidad de oro que se extrajo; poco más de cinco toneladas. Después se desplazó hasta el vecino municipio de Priaranza para subirse al Cuerno de la Tierra y contemplar la niebla, convertida en un mar de algodón. Allí escuchó como Daniel Fernández, que ejerció de guía, aprovechaba la admiración que despertaba la milenaria fortaleza en el ministro para pedir ayuda del Gobierno con la que financiar el millón de euros que cuesta la segunda fase de la restauración. Y es que Cornatel, como ejemplo de arquitectura militar, no dejó de ser un instrumento de defensa.