Diario de León
Publicado por
MANUEL CUENYA
León

Creado:

Actualizado:

UNO ACABA viendo gigantes donde sólo hay y/o habrá, si nadie lo remedia, palas eólicas, que nos atizarán en el cogote, y luego escalofriarán con toda seguridad el alma de nuestros descendientes. Se han parado a pensar qué «adulterio» se cometerá con y en nuestras montañas sagradas, dejándonos clavados semejantes artefactos o cruces de cementerio en las crestas de los montes, pues en verdad parecen cruces herrumbrosas de camposanto, lo que da siniestralidad a nuestra belleza paisajística, a ese paisaje que es memoria y emoción, esa naturaleza que podría atraer a muchos visitantes extranjeros, el tan cantado turismo rural, esa ruralidad que se pregona a los cuatros vientos, que por lo demás resulta incompatible con esta industria, que se vuelve pesada. ¿A qué visitante, harto de la modernidad industrial y el desarrollo insostenible, le gustaría toparse con unos espantapájaros de hierro en un entorno natural? A lo mejor se trata de espejismos, como cuando uno atraviesa Chott El Djerid, el inmenso lago salado del Sáhara, y cree atisbar en el horizonte caravanas de camellos salvajes, oasis, etc, toda una serie de ilusiones ópticas, que en ocasiones podrían llegar a colmarnos de satisfacción, pero que en este caso nos da una tristeza inmensa. «Mire vuestra merced, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento», le recuerda Sancho a Don Quijote. Es evidente que vivimos en un país de locos, cuyo discurso resulta perverso y pervertido. No hablamos de locos lúcidos, como el poeta Leopoldo María Panero, que por lo demás es descendiente de la Maragatería, sino de otro tipo de patologías. Convendría repensar, una vez más, nuestra realidad, hacer memoria, reflexionar acerca de lo bello/bueno, lo saludable, la conservación del medio ambiente, porque nos lo estamos cargando. Y a este paso, no tardando, ya no nos quedará nada que merezca la pena. Ni siquiera un huerto silencioso para compartir amistad y memoria. El Bierzo no puede aspirar a ser un inmenso parque eólico, sino un maravilloso parque natural, donde nos sintamos a gusto, en paz, y para esto necesitamos alejarnos de lo postizo. El Bierzo tiene un gran potencial, y la Sierra de Gistredo es y podría llegar a ser un lugar adecuado para organizar campeonatos nacionales, incluso internacionales, de parapente, lo que resulta incompatible con los «eólicos». Ya hay suficientes en el Bierzo, no hay más que echar la vista al Manzanal o al Redondal, para sentir la nostalgia de un paraíso perdido, de un vergel que pudo ser.

tracking