Bembibre, foco de atención
BEMBIBRE está siendo, desde hace días, el foco de atención en el Bierzo. Las miradas apuntan hacia la capital del Bierzo Alto, en este caso por dos asuntos diferentes, aunque igualmente reseñables, uno de ellos harto peliagudo, y otro maravilloso. La cuestión espinosa tiene que ver con la supuesta actuación del Soziedad AlkohóliKa, que en principio, salvo que se monte estruendo, será el mes de junio, en la mítica Salida del Santo. El tema magnífico, en cambio, hace referencia a la recién inaugurada Casa de las Culturas, donde acaba de abrirse la exposición fotográfica de Villarejo, «fotógrafo creador y con alma de poeta», según nos cuenta Jovino Andina en el último número de La Curuja. Villarejo, al que los guajines de las altas montañas bercianas conocíamos su ferretería como Las Villarejas, fue un bembibrense polifacético, viajero al fondo caravaggiano de las luces y las sombras: En los límites de las sombras es el título de esta exposición, que tuvimos la ocasión de ver, hace meses, en el Instituto Leonés de Cultura, en compañía de Luz del Alba Velasco, amiga mexicana y fotógrafa profesional, quien se quedó maravillada. En los límites de las sombras es asimismo el título de un libro y Dvd, editados por la Diputación de León y el Instituto Leonés de Cultura, que recogen la obra fotográfica de Villarejo así como artículos sobre la misma, entre los cuales cabe destacar el que le dedica José Gómez, Poesía de la luz, y El fotógrafo y la metáfora, de Joaquín Alonso. Este es el lado agradable de un Bembibre que aspira a convertirse en ciudad de mestizaje cultural, pues aquí han vivido/viven desde caboverdianos, dícese cabobercianos, hasta paquistaníes, portugueses, vietnamitas, etc. Una Belleville pluricultural. El rostro Hyde, el sombrío, lo pone la discordia acerca de si el grupo vasco se merece amenizar el Santo o bien es un grupo ingrato por sus letras "hedorosas" y "vomitivas", como dicen algunos defensores de la moral y el buen gusto. Desconozco las letras de este grupo, pues tengo cosas más importantes que hacer, y sobre todo prefiero escuchar otras músicas, pero si a una mayoría de jóvenes les apetece satisfacer sus necesidades, tampoco nos rasguemos las vestiduras. Los raperos suelen entamar letras dinamiteras y no por eso vamos a mandarlos a la hoguera. Cuántas veces, tras palabrería de floritura, se esconden hechos bestialitiquines. «Censurar y alabar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica», nos recuerda Borges.