Escritores leoneses, Cano Pinto
QUE LEÓN es tierra de escritores no lo discute nadie y menos en Astorga o en Villafranca. Tantos que si tuviera que enumerarlos no cabrían aquí. Pero en eso, como en la vida misma y como en el santoral, no son todos los que están ni están todos los que son. Por lo menos yo no veo en esa lista a Eusebio Cano Pinto, nacido en la Aldea del Puente, que tuvo junto al Bernesga una hermosa alameda hasta que la talaron unos cagaprisas y veo que ya me estoy contagiando del estilo desenfadado de nuestro escritor de hoy que, sin dejar de ser leonés y ejerciendo como tal, es ciudadano del mundo y vive en Madrid casado con Diana, traductora australiana. Todo eso viene a cuento de que los analistas de los comportamientos humanos se preguntan ahora cómo es posible que en Austria anden los monstruos tranquilos por la calle en pleno día sin que nadie distinga en ese ser alguno de los rasgos característicos de aquellos. Se lo preguntan después de saber que en un país como Austria hay dos millones de refugios antiatómicos nacidos al calor del miedo de la guerra fría y como si no supiéramos igualmente, desde la edad de piedra, que le miedo es mal consejero y vuelve peligrosos incluso a algunos animales. Si leyéramos más al autor teatral Thomas Bernhard sabríamos algo de lo que ocurre en el subsuelo del alma colectiva de sociedades aparentemente perfectas como la que ahora nos preocupa. O si leyéramos «El hombre sin atributos» de Robert Musil sobre el deterioro del sentido moral y la honestidad intelectual en el imperio austro-húngaro. Pero más cerca y mejor, si leyéramos uno de los últimos libros de Eusebio Cano Pinto «El Carnaval de Estrasburgo» donde después de fustigar las debilidades del proyecto europeo, analiza porqué el paisaje del Tirol es tan insoportable en su perfección que los buscadores de ahorcados en cuanto les dicen que «estuvo toda la mañana mirando el cielo azul y luego salió a dar un paseo¿» ya saben más o menos donde pueden encontrarlo. Eusebio Cano Pinto es un prosista de gran calidad e de grab impacto, un profeta inmisericorde con las miserias humanas, empezando por las suyas propias, un hombre austero, libre y feliz en cuya buena compañía he vivido experiencias tan excitantes como una guerra civil en Papúa o la caída del cura Arístide en la atormentada Haiti. Yo no me pierdo ninguno de sus libros.