Héroes y villanos
MIENTRAS escribo tengo sobre la mesa la foto del ciudadano que, con riesgo de su vida, arrebató de las aguas a un niño que arrastraba la corriente en el malecón de La Coruña. El niño le mira agradecido, como se mira a un héroe, aún con el brazo derecho en cabestrillo y varios dientes rotos. Lo que me importa destacar es la explicación del arriesgado salvador: «no pude hacer otra cosa, ya que pasaba por allí». El centenario de mente lúcida don Francisco Ayala nos enseña que una vez desatadas las guerras, especialmente las civiles, derivan en situaciones fundamentalmente estructurales o situacionales donde cualquiera puede protagonizar una heroicidad o una villanía o ambas sucesivamente cual si se tratara de una sola persona con dos naturalezas. Por eso distingue entre los promotores que desencadenan el drama y actores secundarios que lo sufren porque tuvieron la desgracia de pasar por allí y respirar aquel aire envenenado, aquella locura colectiva. Dice Rogelio PrietoVidal, vecino de la Coruña, hombre alegre, extrovertido y vital, que no tuvo tiempo de pensar lo que hacía cuando se abrazó fuertemente al niño y le recató de la ola que barría el paseo marítimo, asegura que lo suyo no tiene mérito porque no podía hacer otra cosa. Llevo varios días sumergido en la lectura y la contemplación apasionada del grueso volumen que recoge la Exposición Marín, una colaboración de la Fundación Telefónica y la Fundación Pablo Iglesias para recuperar al gran fotógrafo Luis Ramón Marín, emparentado en Ponferrada, que después de ejercer como reportero gráfico pionero reflejando cuanto se movía a su alrededor, tuvo la necesidad de fotografiar la guerra civil desde el Madrid sitiado. Son fotos que resumen mucho mejor que mil palabras esto que trato de expresar. En esas fotografías no aparece el heroísmo por ninguna parte ni las protagonizan personalidades conocidas, son retratos colectivos de personas sin identificar, donde se reflejan los azares de la vida y de la muerte en medio de un aire espeso donde «el terror, el odio y la sinrazón se apropiaron de la mente de todos», escenificando el último tsunami colectivo que se llevó por delante a la sociedad entera. Es un documento de enorme valor cultural e histórico, que ojalá alguna institución provincial pueda hacer posible que lo contemplemos en nuestra provincia como una forma de recuperación de la memoria colectiva desde el rigor y la profesionalidad de uno de nuestros grandes fotógrafos que esta muestra rescata de un olvido injusto.