Diario de León
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ESTER FOLGUERAL
León

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SEMBRABAN pan, que es como decir sembraban trigo, ahí, en la curva entre Camponaraya y Magaz de Abajo. Eran años de larga posguerra, y era necesario cultivar todos los terrenos para poder alimentarse. El miedo y el silencio impuesto nunca ocultaron del todo la verdad. Sabían que por allí había enterramientos; no sabían cuántos ni quiénes estaban en ellas, pero sí, que había varias fosas. ¿Qué sentirían cuando el arado iba abriendo la tierra? Había una zona del terreno que era distinta, con forma de cuadrado, un poco más elevada. Allí el trigo siempre crecía más; un cuadrado de trigo muy alto sobresaliendo sobre el resto; una energía invisible y fecunda que les hacía suponer que era allí, que allí estaban los muertos. Primo de Rivera, en el acto fundacional de su partido, Falange Española, en el año 1933, había propuesto un «diálogo de puños y pistolas». El 23 de septiembre de 1936, los falangistas se llevaron a once personas a Magaz de Abajo y con su diálogo criminal les asesinaron y enterraron en una misma fosa. «Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,/ y en traje de cañón, las parameras/ donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,/ y llueve sal, y esparce calaveras» Así escribía Miguel Hernández cuando la muerte se extendía por los campos de España. Lo leo en Cuatro poetas en guerra , un libro de Ian Gibson publicado hace un año. «Un estudio estremecedor sobre la lealtad a la causa republicana de cuatro de las mejores voces poéticas de la España del siglo XX, represaliada con la muerte en el exilio, el fusilamiento sin juicio y el fallecimiento en la cárcel». Habla de Machado, Juan Ramón Jiménez, Lorca y Miguel Hernández. Pero podríamos añadir la muerte de Unamuno y tantos otros. De uno al que apodaban «el poeta», al parecer de Cacabelos, aún no sabemos nada, excepto que estaba en la segunda fosa abierta en Magaz, junto a otras seis personas víctimas de esos bárbaros crímenes. La memoria histórica es también memoria personal. Hay muchos que aún buscan a sus familiares, asesinados sólo por pensar como pensaban. Y esta columna iba a estar dedicada a la primera Feria del Marisco celebrada el pasado 25 de julio en Cacabelos; a elogiar esta iniciativa del ayuntamiento y a hablar de los compañeros de letras y de los amigos pintores que allí compartimos una sabrosa, abundante, y feliz cena. Pero en mi mente insistía la frase «Sembraban pan, allí sembraban pan», y he acabado escribiéndola, tal vez porque sé quiénes comían ese pan en la posguerra.

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