Miles de personas renovaron un año más su fidelidad a la Morenica, que lució la corona de 1908
El nuncio del Papa equipara la devoción a la Virgen de la Encina con la de Fátima
Manuel Monteiro trasladó a los bercianos la bendición del Papa Benedicto XVI
Los actos litúrgicos de este Día de la Encina contaron con la presencia excepcional del nuncio del Papa en España, Manuel Monteiro, quien fue el encargado de presidir la ceremonia. En su homilía, Monteiro repasó la historia de la Virgen de la Encina, encontrada hace ocho siglos en el tronco de un encina por los templarios, y la equiparó la devoción que hay en la comarca a la Virgen de la Encina con la que hay a Fátima. «La Virgen de la Encina es una madre espiritual que nunca se olvida del hijo», afirmó el nuncio, para quien la Virgen «nos ayuda a ser coherentes con la fe que profesamos». Monteiro reconoció «tiempos nunca fueron fáciles para el hombre», pero que tienen que luchar siempre «porque las cosas y los hombres sean como deben ser». El nuncio saludó a los asistentes, y a los que seguían la ceremonia a través de los medios de comunicación, y les trasladó la bendición del Papa Benedicto XVI. Miles de personas siguieron la misa en la explanada del Carmen, renovando un año más su fidelidad a la patrona del Bierzo. La Encina llegó a la carpa entre aplausos y luciendo su mejores galas, el manto cordobés de seda roja con bordados en oro y la corona de 1908. Una corona que estuvo cubierta durante la procesión desde la basílica hasta la explanada con una mantilla y que después fue descubierta como símbolo de la renovación de la devoción por su imagen.