El ganadero de la localidad de Valseco que perdió un rebaño encuentra vivos a sus animales
Ocho vacas sobreviven un mes a la nieve
Las cabezas de ganado se las ingeniaron para encontrar alimento entre la nevada

Ramón Martínez, la semana pasada con las vacas que todavía mantenía en su estableo de Valseco
ponferrada
Después de un mes perdidas en la nieve, el ganadero de Valseco Ramón Martínez, sólo esperaba encontrar muertas a las ocho vacas que habían desaparecido con el temporal de principios de diciembre en los montes del Alto Sil para cobrar el seguro. Los animales, sin embargo, han demostrado que son capaces de adaptarse a un medio hostil y buscar alimento entre la nevada. El pasado jueves, Martínez lograba localizar al rebaño con unos prismáticos en un paraje entre Matalavilla y Valseco conocido como La Surbia. El viernes conseguía llegar hasta allí y devolverlas al establo.
«Ha sido un milagro, no esperábamos encontrarlas vivas», reconocía ayer, asombrado por la pequeña odisea que han vivido sus vacas. Famélicas después de haberse alimentado de algunos arbustos y bebido nieve, los animales reposaban ayer en las cuadras junto a las otras 35 cabezas de vacuno de las que vive el ganadero.
Ramón Martínez había tratado de adelantarse a la nevada cuando el mes pasado, el parte meteorológico anunció nieve. Acompañado de sus familiares, el ganadero subió al monte a buscar a sus animales para ponerlos a resgurado, pero no pudo dar con ellos. Al día siguiente, ya no pudieron volver porque la nevada que había caído durante la noche lo hacía imposible. Martínez se temió entonces que la nevada hubiera sepultado a los ocho animales, dos vacas viejas más acostumbradas a las inclemencias del tiempo y seis novillas que nunca habían visto la nieve. Guiadas por sus dueños, las vacas han podido volver a pie a los establos de Valseco, aunque en la zona de La Surbia todavía persiste estos días la nieve.
No es la primera vez que vacas de Ramón Martínez sobreviven a la naturaleza. Dos años atrás, algunas de sus cabezas de ganado quedaron atrapadas por la riada que se llevó los puentes de la localidad de Salientes. El agua se llevó por delante todo lo que encontró a su paso y las vacas quedaron aisladas y a merced de la crecida. Los esfuerzos del ganadero sirvieron entonces para rescatarlas.
En esta ocasión, Martínez estaba resignado a esperar lo peor. Si después de un mes todavía seguía buscando a las vacas para recoger sus crotales identificativos. La pérdida de las ocho vacas hubiera supuesto un contratiempo considerable para la pequeña economía familiar de Martínez, casado y con tres hijas. El ganadero confiaba en cobrar al menos 900 euros por cabeza si encontraba los cuerpos. Ahora no necesitará recurrir al seguro y Martínez sólo espera que los animales se recuperen y engorden lo suficiente en las próximas semanas.