SILLA BAJA | JOSÉ ÁLVAREZ DE PAZ
La Victoria
REVELA un desamparo la imagen del alcalde de Ponferrada presentando un espacio emblemático, signo de tolerancia, democracia, rechazo de la violencia y homenaje a cuantos fueron represaliados en la guerra civil o víctimas del terrorismo, en palabras de López Riesco que cualquier demócrata haría suyas, si no vinieran precedidas de la negación del consuelo de la memoria institucional a perdedores individualizados de la guerra civil. Quizá sea esta la razón de la soledad de los dos ediles en un acto que se presenta como si de un antes y un después se tratara.
Más lógico sería que un proyecto realizado con recursos proporcionados por el Gobierno para luchar contra la crisis, apareciera revestido como imagen de consenso político y participación ciudadana. Ignoro si se han hecho las cosas mal desde el principio, sin llamar a la participación de todos los grupos, o estos fueron invitados a participar y no quisieron salir en esa foto. Pero mal empezamos si el proyecto, que tampoco es tan original, como bien saben la firma Nike o el Ayuntamiento de Leganés, nace como iniciativa privatizada.
Seguramente que muchos ciudadanos del común habrían aportado en tiempo oportuno su grano de arena a la definición y clarificación del espacio, sin merma del mérito de quien lo vio primero.
Cuando el ministerio de la Gobernación me dio el pasaporte, «sólo para Francia y por razones de estudios», no dediqué yo las mañanas a conspirar, como supuso el funcionario que me lo entregó, sino a visitar el museo del Louvre, para conocer mejor el mundo clásico a través de sus esculturas, alegres en tiempos de victoria, como la que nos ocupa, tristes y más escasas otras, concebidas en tiempo de derrotas, porque en Atenas se prohibió recrear la derrota militar ante los espartanos. La Victoria de Samotracia rezuma energía vital hasta en los paños húmedos de la diosa y en las plumas de sus alas abiertas, una de las valiosas joyas del arte helenista.
Aunque para lo que se anuncia, mejor que el recuerdo de una victoria -no confundamos Victoria con Paz- sería, por ejemplo, un canto a la libertad de la época de Pericles, tiempo de isonomía (igualdad ante la ley) e isoporía (derecho de todos a participar), cuando florecieron las artes, la filosofía, la arquitectura, la música y la democracia. No vaya a ser que en vez de un homenaje a los represaliados y perdedores de siempre, estemos ante un nuevo Valle de los Caídos, que en este caso es versión Calleja del Río.