Reportaje | j. esteve
«Pensé: me han quemado la cara»
La Policía busca a una pareja de atracadores que roció con un spray irritante a dos empleadas de una perfumería de Ponferrada y les robó 11.000 euros en plena calle

Imagen de la perfumería Arenal, ubicada en la avenida de España de Ponferrada.
El miedo se ha apoderado de las trabajadoras de la perfumería Arenal de Ponferrada. Dos de ellas siguen aterrorizadas tras haber sido atracadas, el pasado sábado y en plena calle, por dos individuos al que el Cuerpo Nacional de Policía ya le sigue el rastro muy de cerca.
Las jóvenes de 26 y 27 años se dirigían, como cada día al finalizar su jornada laboral, a ingresar la recaudación diaria -”superior a los 11.000 euros-” a la entidad bancaria del BBVA, situada en la avenida de España. Fue entonces cuando un individuo vestido totalmente de negro y ataviado con un casco del mismo color con pantalla opaca sustrajo por la fuerza el dinero que portaban las jóvenes. La primera en sufrir el ataque aseguró haber notado que alguien le cogía del brazo y le rociaba la cara con un spry para hacerse con el botín. La joven creyó que «le habían quemado la cara». Su compañera, embarazada y asmática, fue rociada con el mismo ungüento al intentar ayudarla.
Las dos chicas tuvieron que recibir asistencia sanitaria en el Hospital del Bierzo. Una de ellas aseguró, en declaraciones realizadas a este periódico, que al verse cegada por el spray intentó agarrarse a un señor que le negó su ayuda argumentando que «le iba a ensuciar». Aún así, la dependienta reconoce que la gente les auxilió, incluso uno de los testigos logró apuntar la matrícula de la moto en la que el atracador y su cómplice, que le estaba esperando a pocos metros, se dieron a la fuga.
Las jóvenes recuerdan lo sucedido aún con angustia y una de ellas detalla que en un principio le «costó mucho volver a entrar a la tienda», además de afirmar que «no quiere regresar a hacer el ingreso por temor». Ambas están convencidas de que los atracadores tenían todo muy estudiado y aprovecharon la celebración de la Noche Templaria -”el centro de la ciudad estaba desierto-” para cometer el delito. El atracador, resguardado en un portal, sabía perfectamente la hora de salida y el plan de las agredidas.