Diario de León
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Silla baja | á. de paz

El italiano Andrea Iannone arrolló al español Espargó, que volaba hacia la victoria en la última curva de San Marino, luego le embistió con el casco y dijo «los españoles son así, quieren ganar siempre, yo también». La verdad es que nuestros deportistas de élite han hecho una remontada espectacular en los últimos tiempos, queriendo ganar y ganando en las más variadas disciplinas deportivas. Ya nadie habla de la famosa furia española, «a mi el pelotón, Sabino, que los arrolló», ahora nos vamos acostumbrando a que nuestros representantes lleguen como sobrados a las finales, pulverizando el chascarrillo que definía el fútbol como un juego donde al final ganaba Alemania. Es fácil comprender el cabreo de Iannone ante la increíble remontada sobre diec¡ocho adversarios, tantos como años tiene el angelito, otro español ganador como lo son los bercianos Sergio Gallardo, Noemí Feliz, María de la Puente y otros cincuenta y dos de la cantera que piden paso.

Algunos comentaristas de la noticia generalizaron diciendo que los italianos son así o de la otra manera y que nos miran con mal ojo. No es verdad, como pude comprobar al visitar a los emigrantes españoles por el mundo, siendo habitual que un italiano que había llegado antes, ayudara al español a abrirse camino en aquella selva.

No conviene generalizar, sabiendo que Angelina Yolie está leyendo un libro sobre las dos guerras de Irak y dedica buena parte de su tiempo a su condición de embajadora de buena voluntad de Unicef, no se la puede meter en el mismo saco que a otras estrellas de Hollywood inmersas en la frivolidad. Como tampoco tiene mucha semejanza la bella que vende perfumes repitiendo el slogan del «porque yo lo valgo», con aquellas pioneras que abrieron brecha en la lucha por los derechos, agrupadas baja la bandera del «nosotras podemos», o esa mujeres rurales de Chozas y aledaños parameses que alegraron el camino, armadas de pañuelo, cayado y cantimplora. Lo prudente es no generalizar, aprendiendo de aquel precavido a quien acercaron el micro a la boca: qué opina usted de los chinos, diga. «No le puedo responder, no los conozco a todos».

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