Diario de León
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Silla baja josé álvarez de paz

Jugar con la comida es un crimen contra la humanidad, causante de más muertes que todas las guerras y pandemias, del que son responsables, entre otros, el Banco Mundial, El Fondo Monetario Internacional con sus políticas liberalizadoras de mercados, los tratados de libre comercio, el uso de granos alimentarios como moneda de cambio en las bolsas de Chicago y Nueva York. Eso es jugar con la comida. Pero el otro día en León, los agricultores, viendo lo poco que les toca en el precio final de sus productos, alzaron sus banderas de protesta ante la Subdelegación del Gobierno, seguramente porque esos otros organismos les caen demasiado lejos. De la misma manera que mientras el núcleo duro que desató la crisis se va de rositas, las socialdemocracias que no la desencadenaron son confinadas en el sur de Europa y penalizadas en el Norte, aunque Marx avisara de que toda fuerza productiva del capitalismo es una fuerza destructiva.

Se entienden las protestas de los agricultores al comprobar que un cucurucho de castañas asadas en Barcelona vale tanto como un saco de castañas en el Bierzo. La UE destina la mitad de su presupuesto a primar selectivamente a los agricultores: el 4% de los propietarios de grandes explotaciones reciben el 40% de las ayudas, por eso otros amenazan con destruir sus productos, que también es jugar con la comida, aunque no tanto como la conversión de explotaciones agroalimentarias para producir recursos básicos, quemando alimentos para biocombustibles en un mundo donde cada cuatro segundos muerte una persona de hambre y son innumerables quienes no pueden acceder a los alimentos básicos, objeto de mercado donde unos pocos controlan y definen los precios. En España el 81% de la población se abastece en las grandes superficies y media docena de empresas dominan la cadena de distribución. De ahí el clamor de algunas organizaciones campesinas impulsoras de la soberanía alimentaria, que no es otra cosa que el derecho de los pueblos a definir las políticas alimenticias, priorizando la agricultura local, el acceso a la tierra, las semillas y los créditos y el derecho de los consumidores a elegir.

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