Diario de León
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La Gaveta | césar gavela

ESTA semana se celebró la cuarta edición del congreso de literatura leonesa, una iniciativa muy loable de este diario, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura y otras instituciones.Se trata de un bello privilegio, de una reflexión lúcida y ardiente sobre la palabra escrita. Sobre la palabra concebida y sentida en esta tierra de León, patria de tantos escritores, territorio mítico, sin duda, como bien probó Juan Benet. Aquel ingeniero madrileño que quedó fascinado por el Bierzo montaraz de los años cincuenta, por sus gentes destruidas por la guerra civil, por su niebla, sus montes y sus minas; también por las tierras del norte provincial, las que baña el Porma y otros ríos memorables.

El Bierzo es tierra literaria; es un lugar donde la literatura florece. ¿Por qué? Pues no lo sé. Pero probablemente se ha dado un paso para averiguarlo en el congreso de literatura leonesa; un encuentro que contemplaba la obra de dos autores bercianos y villafranquinos: Ramón Carnicer y Antonio Pereira.

Dado que el recuerdo de Carnicer estaba dedicado a su célebre libro sobre la Cabrera, quedó solo la obra de don Antonio como representante puro del Bierzo en dicho congreso, y sobre la que habló el profesor José Luis Suárez Roca.

Antonio Pereira es el más berciano de los escritores leoneses; el más leonés de los escritores bercianos. Y, curiosamente, también fue un escritor cosmopolita que vivió muchos años en Madrid.En él se da ese prodigio de la fusión entre lo literario y lo geográfico. Y desde su llorada muerte, eso sucede con mayor intensidad. Porque ahora, y por poner un ejemplo, cuando paseamos por Villafranca, no solo estamos caminando por esa ciudad legendaria, sino que también lo hacemos por la obra de Antonio Pereira. Cada casa, cada árbol, cada templo, cada flor y cada piedra-¦ parecen venir de la voz de Antonio. De sus cuentos, de sus versos, de su memoria filtrada por tantas páginas luminosas, cordiales y artísticas.

Antonio Pereira era un escritor muy unido a la vida; no era un autor libresco. En él se armonizaban encanto y biografía, talento y libertad. En esta semana hemos vuelto a él, bajo la fiesta del congreso. Y volveremos siempre porque es mucho lo que valía Pereira, mucho lo que lo queríamos. Además, es muy fácil dialogar con él: basta leerle, esté uno donde esté. Esa música tan nuestra, que se volvió de todos, de cualquier patria, de cualquier país.

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