PONFERRADA
Negacionistas climáticos
Opinión | wenceslao orallo
Científicos de dudosa honestidad nos dicen ahora: «El enfriamiento por causas solares es mucho menor que el antropogénico». No me creo nada. Un argumentario inverso. La demostración de los efectos solares, por su dificultad, causa quebraderos de cabeza, ya desde Aristóteles, a los científicos, y una formación racional obliga a poner en duda aquello que no está demostrado empíricamente. Cuanto dice estarlo debe ser sometido al proceso de falsación (Popper), requisito mínimo de la razón sin el cual no hay ciencia, solo creencia. La buena o la mala fe, es improcedente en este debate.
Pandora es el Cambio Climático. Sea, pues. Lo que se discute no es si aumenta o no la temperatura -que también-, sino si su causa es antropogénica y si esta es relevante para explicar el fenómeno. Nos jugamos en ello nuestro futuro bienestar y nuestras libertades. Casi nada. La comunidad científica no es pacífica.
El catastrofismo, aun cuando supera con nota su fase expositiva -la mediática-, no ha pasado siquiera la demostrativa y menos la del algodón. El cuestionamiento de la «verdad» oficial gotea sin cesar en sentido contrario. Los algoreros y su red clientelar tienen muchos medios. Los periódicos -los nuestros, un buen ejemplo- nos llenan de apocalipsis bíblicas pero son reacios a publicar los argumentos de la Naturaleza. Aquellos: el altavoz de la verdad; estos, el de la calumnia.
Los primeros hacen prosélitos en el famoseo de modistas, caducos cantantes, periodistas del todo, actores, e impropios personajes que nunca han abierto un libro o dado un palo al agua. Son los nuevos fieles. Un montes-de-oca cualquiera no sirve, un oceanógrafo, tampoco. Estos se reducen a sus blog o a alguna entrevista, casi en anónimo. Son el estigma.
¿Qué ciencia nos puede transferir -”me pregunto-” una Ágata-De-La-Moda o una Ana-Rosae-Rosa, después de una catequesis con Al Gore? El Panel para el Control -¿del Cambio Climático?- no es un organismo elegido por nosotros. Es de determinados políticos. Y de tal oráculo caben todas las sospechas, aún sin los correos golfos de los golfos inventores del palo de idem.
Ah, ¿que no entiendes? Pues lee lo que cuece la globosfera, esa ingrata democracia que tanto asusta a los príncipes del boletín oficial. Y si solo te instruyes en estas pocas líneas provincianas date por agraciado pues han pasado la criba de lo políticamente correcto.
Cualquier Universidad tiene tanta autoridad, si no más, que el IPCC. Cada día son más las que se posicionan en contra de los modelos catastrofistas. Han ido perdiendo el miedo al boicot de sectarios ipececeros, onueros, onerosos-¦ Gracias a la triple W, su cancerbero enemigo.
La cautivadora letanía de preservar el planeta, dirigida a cuantos políticos ingenuos encontraron, ha conseguido una pasta G en la que afianzar la felonía. Quieren más. Aquí, a pesar de la que está cayendo, llevamos ya algunos miles de millones en aguinaldos.
Hasta se ha pretendido leer en las escuelas el catecismo tremendista. La ONU conoce bien a los jesuitas. Entrégame al niño que te devolveré al hombre. Hombre, ¡que ésto haya estado a punto de pasar en casa!
¿Quién duda de la obligación de ser responsable con el planeta, de no contaminar, de no esquilmar recursos? ¿Quién de consumir correctamente, de reciclar residuos, atender la calidad de las aguas, de los bosques y del aire? ¿Quién, incluso, del mundo sustentable y sostenible de las palabras pijas? Nadie que tenga dos dedos de frente.
Pero hay gente seria que está en contra de la manipulación agresiva e interesada de todo esos salvadores, de los antiguos del alma como de los nuevos del clima y siempre habrá que apostar por los galileos negacionistas del geocentrismo plano de los cuentos que fabrican los sinvergüenzas.