Diario de León

VERLAS VENIR

Resaca nuclear

Turoperadores del país asiático están conociendo la autonomía.

Publicado por
ernesto escapa
León

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Lo más llamativo del desarreglo de Garoña, donde una central nuclear con fecha de clausura se queda sin rescate porque la empresa que impulsó la prórroga luego no la pide, es que se vuelve a repetir el mismo protocolo de todos los fracasos recientes. El anterior fue nuestra batalla del carbón y el precedente la debacle de las Cajas de Ahorros, que tiznó a todos. En cada caso, se ha dejado ver la insignificancia de los partidos. Unas veces porque no toca y otras porque no conviene, populares y socialistas se desentienden de los charcos que no mojan sus zapatos. En el caso de la minería, porque era un problema de León generado por Zapatero, y en el de las Cajas, porque cada cual corrió a ver qué pillaba. Luego, dirán que no se les explicó bien la estrategia, cuando ya no quede más rastro del negocio que las escombreras.

Garoña fue uno de los puntos de fricción de la última campaña electoral. Los socialistas aplicaron la fecha de caducidad, mientras los populares movilizaban al vecindario y a la empresa Nuclenor para exigir una prórroga de la actividad hasta 2019. Garoña es la segunda nuclear española y la única construida de las tres proyectadas en Castilla y León: Garoña (1971), Valencia de don Juan y Moral de Sayago. En Coyanza, encabezó el rechazo su alcalde de entonces, el primo de Francisco Umbral José María Alonso Alcón, que fue destituido en octubre de 1975. La primera nuclear española (Zorita, 1968) la clausuró el gobierno de Aznar en 2006, sin ningún alboroto.

Durante tres décadas, hasta el cierre de los yacimientos de uranio de Sahelices el Chico en 2001, fuimos el único territorio autonómico que albergaba todo el proceso nuclear. Las minas, la planta de envasado de combustible radiactivo de Juzbado, junto al Tormes, la central de Garoña en el Ebro y el Centro de Investigación Nuclear de Lubia, vecino del Duero soriano, donde Franco ensayó la fabricación de la bomba atómica. Solo faltaba dar hospedaje a los residuos, pero fracasó el cementerio nuclear, anunciado en los ochenta para Aldeadávila de la Ribera y vuelto a tentar, hasta este mismo verano, por los terracampinos de Santervás, junto al Cea.

Con la resaca, lo que ahora toca es cuadrar el inventario de perjudicados. El feo a los gobiernos de España y de aquí tendrán que hacérselo mirar, sobre todo para evitar sucesivos traspiés. La empresa aduce para su espantada la «incertidumbre regulatoria», ocasionada por el retraso en la aprobación de la reforma energética. O sea, las compensaciones. Porque las exigencias de seguridad ya eran conocidas y se supone que tendrían echadas las cuentas antes de dar el portazo.

Lo cierto es que la ruptura ha dejado con un palmo de narices a quienes le hicieron la procesión a Nuclenor, que es una empresa participada por Iberdrola y Endesa. En sus consejos y asesorías figuran desde Aznar a Ángel Acebes, pasando por un hermano de Montoro. Hace tres años, el vicepresidente Chaves presentó en Miranda de Ebro el Plan Garoña, dotado con 2.350 millones, del que nada se ha vuelto a saber. En el más absoluto abandono quedan los vecinos de Valle de Tobalina, después de su manejo como mercancía sentimental en la discusión política de la prórroga nuclear.

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