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ernesto escapa CArgoQuam ipimil hosta orumus
León

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La buena imagen institucional de la Conferencia de Presidentes duró lo que duran dos peces de hielo en un caldo de gallina. Demasiado poco. Pero al menos alcanzó para hacerse la foto de familia sin huecos y suscribir un comunicado sin enmiendas. En la anterior, todavía con Zapatero, no fue posible el acuerdo, cuando de lo que se trataba era de fomentar el empleo y coordinar medidas frente a la crisis. Claro que ya nada es igual, aunque también estos barros vienen de aquella polvareda. Entonces, los populares autonómicos pasaban antes por su sede de Génova para atender las órdenes de rechazo. Este lunes de Santa Teresita tuvieron que convocarlos a cenar para que no siguieran con el espectáculo de los celos presupuestarios.

En ese escenario de los cuartos para 2013, Castilla y León sale relativamente bien parada, porque nuestra amplitud territorial recoge las inversiones de alta velocidad hacia Galicia (que ahora es la que más tira), hacia Asturias (que apenas avanza), y hacia el País Vasco. El resto, una guarnición de decepciones. Entre las más sangrantes, la renuncia al avance de las autovías del Duero (que comunica Oporto con Barcelona) y León-Valladolid. Algunos presidentes (Aragón, Extremadura, Valencia) llegaban más mosqueados, porque su rebaja resulta estruendosa e incluso hiriente. Pero con esos malestares no acabó la cena partidaria, sino el impacto de las cifras del paro, que se conocieron el mismo martes y pusieron un punto de extrema gravedad a la conferencia. Tanta, que incluso nacionalistas y socialistas acudieron dispuestos a ceder lo que hiciera falta. También el presidente catalán.

La consigna de dar buena imagen a los mercados y a los socios solventes de la Unión Europea se tradujo en un comunicado que recoge los acuerdos sobre objetivos de déficit; un reparto más equitativo de la carga entre las Autonomías y el Estado; la revisión en 2013 del modelo de financiación; y el compromiso de una cartera común de servicios públicos esenciales. La reunión en el Senado duró siete horas, aliviadas con un refrigerio de verduras y solomillo de choto, regado con vinos de Rueda.

A la hora de estampar el acuerdo, la vicepresidenta Saenz de Santamaría reclamó la compañía del consejero de Castilla y León, José Antonio de Santiago-Juárez, para concertar con los socialistas el texto definitivo, al que se resistió buen rato el representante asturiano. Las dudas sobre el futuro modelo de financiación, que se va a negociar el año que viene, inciden en la herida del maltrato a la minería, demasiado reciente para ser olvidado. O en el atropello de juntas vecinales y pequeños municipios que pretende la atolondrada reforma promovida desde Madrid. Algún acuerdo obtuvo Castilla y León, sin duda, en este ámbito de la Ordenación del Territorio, porque ayer miércoles de mañana se reunía el consejero con los delegados territoriales, a fin de despejarl dudas sobre el particular y poner en claro quién manda aquí.

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Concluida la conferencia, empezaron las gárgaras. Rajoy, con su enredo sobre el rescate; Mas, con sus demandas mediterráneas; Griñán, con sus matices. Un guirigay que recuerda las excusas de ronquera de Fray Luis de León para no hablar claro, después de que lo liberara la Inquisición.