VERLAS VENIR
Destape de invierno
Mientras la cacareada reforma administrativa emprendida por el gobierno se recupera del gatillazo, que la dejó estancada en los dos últimos consejos de ministros, los acontecimientos discurren a una velocidad de vértigo. Siguen ardiendo casas en los pueblos de León, sin que se inmuten los bomberos, y desaparecen los vuelos desde Valladolid al extranjero, mientras se anuncia una intensa promoción de la Semana Santa en Londres. Enseguida han protestado, cada cual con su respe, la presidenta de la Diputación de León y la concejala de Cultura y Turismo de Valladolid. Pongo estos ejemplos por la evidencia de su despiste administrativo. Mientras sigan existiendo unos y otras, la atención y tutela de los núcleos menores de veinte mil habitantes corresponde a las Diputaciones, de la misma manera que las relaciones internacionales de cualquier naturaleza son competencia del Estado.
Valga el par de casos para ir tranquilizando el gallinero en estos días revueltos. Porque si tratamos de averiguar, el asunto se pone aún más feo. Isabel Carrasco acumula doce años con responsabilidad de gobierno autonómico, como delegada en León y consejera del dinero, casi seis como presidenta de la Diputación y varios trienios como parlamentaria nacional y autonómica. Un tiempo más que sobrado para arreglar, desde la instancia competente, el desamparo de los pueblos ante la acometida del fuego. Y otro tanto podría recordarse a Mercedes Cantalapiedra, en su lamento por Villanubla. Los aeropuertos son estatales y ya no es momento de disimular, con fondos que tienen sus propias obligaciones, otras expectativas. Para volar subvencionados a Londres o al Caribe, hay que tocar la hucha del ministro Soria, si la encomienda es turística.
Por eso es importante y urgente la reforma administrativa, para que cada cual sepa a qué puerta llamar con su problema. Pero el sumario de este invierno discurre a tal velocidad, que a menudo toca aplicar ahora compromisos distraídos por el paso del tiempo. Le ha ocurrido a Herrera y a su gobierno, que para no verse salpicados por el pringue de la sospecha, han expuesto su patrimonio y sus cuentas a la curiosidad general. Con algunas veladuras dictadas por la cautela. Por ejemplo, silenciar después del primer arreón el nombre de las entidades bancarias donde tienen sus capitales y empeños, porque curiosamente no aparecía ninguna de las Cajas de Ahorros que iban a constituir, antes del batacazo, el músculo financiero regional. Tampoco su parque móvil particular muestra vehículos Renault, la marca apoyada en sus inversiones por la Junta y que visitó el Rey el día de las Águedas.
Con el Rey vino a Valladolid, como ministro de jornada, el titular del carbón, sin que esta vez su presencia estropeara nada. A unos cuantos kilómetros de la fábrica de coches, las cuencas mineras del Bierzo y Laciana siguen aguardando la visita del ministro Soria, para ver si del contacto le brota una pizca de interés. Antes, cuando diputados y senadores todavía no andaban aturdidos por el clamor de la corrupción, solían mediar para dar solución a los problemas. Ahora ya no van quedando muchos resortes. Y se hunde la minería como se hundieron las Cajas de Ahorros. Sin remisión y con un saldo dramático para León.