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Opinión | jesús sanz esteban

empresario y ex presidente de la Asociación de Artesanos Alimentarios de Castilla y León

La famosa crisis lleva años entre nosotros, pero ha sido en el pasado 2012 cuando más ha tocado a la microempresa alimentaria. Ha sido entonces cuando nos hemos dado cuenta de que no estamos inmunes ante ella, ya que incluso ha acabado con más de uno de nosotros. Ante esta situación nos hemos apresurado, como si de un cursillo intensivo se tratara, a pensar en la solución, descubriendo lo que lleva ahí toda la vida pero que no nos habíamos preocupado de ello: «Hay vida tras los Pirineos, más aún, la hay cruzando el charco». No es fácil el camino de la exportación, pero cuanto menos ahora somos conscientes de que «es el camino incluso para nosotros» y de que hay que invertir en lo que crees. Evidentemente no vamos a pasar del blanco al negro de golpe: hay que apostar por la internacionalización pero ni es la única solución ni va a serlo en todos los casos. Dentro de la microempresa alimentaria y, más aún, en el ámbito del gremio que he tenido el placer de presidir en este año pasado, en la artesanía alimentaria es también esencial la diferenciación. Diferenciación de producto, de imagen, de reconocimiento o cualquier otra que nos permita marcar distancia entre nuestros productos y los seriados productos industriales. Hemos aprendido que tenemos que estar formados, que debemos dedicar esfuerzos a la innovación, que ésta no es sólo «cosa de grandes» porque hay muchas diferenciaciones de producto que somos más capaces de llevar a cabo los pequeños siempre y cuando estemos formados y les entreguemos dedicación.

Desde la Asociación de Artesanos Alimentarios de Castilla y León esto es lo que hemos desarrollado en el pasado año, firmando convenios para la obtención de información y de becarios que nos ayuden en el camino que iniciamos de la exportación, creando la primera convocatoria de Premios Artesanos buscando la diferenciación de producto a través del reconocimiento, acordando cursos para la mayor formación de nuestros artesanos, abriéndoles el camino de la innovación… Trabajos de grandes resultados aunque a veces dilatados en el tiempo, por lo que no valorados por algunos, pero bien reconocidos por otros. La artesanía alimentaria ha evolucionado y más que lo hará en los años sucesivos porque cada vez es más difícil sobrevivir haciendo solamente lo que hemos hecho siempre: nuestro producto tradicional. Ahora debemos ser, además de artesanos, verdaderos empresarios con conocimientos técnicos, económicos, financieros, de mercado… Y no sólo debemos tener un producto diferenciado en calidad, sino también saber «vender» esa mayor calidad. En resumidas cuentas 2012, nos deja un balance duro pero a la vez esperanzador, pues esta dureza nos hace superarnos y dar pasos que no se habían dado hasta entonces. Castilla y León no puede olvidar, ahora más que nunca, que la artesanía alimentaria da trabajo en el medio rural, da imagen, calidad… La artesanía alimentaria no está en el mejor momento, pero las dificultades de hoy, la harán fuerte para los retos de mañana.

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