Vivir en el garaje tras tener que alquilar la casa

Los españoles representan ya el 65% de los atendidos en el área de empleo.

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ANTONIO GARCÍA | Ávila
León

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La pobreza cronificada va en aumento en Castilla y León y en el resto de España tanto entre los inmigrantes, como entre los españoles. Estos últimos ya suponen en torno al 65% de los atendidos por el área socio-laboral de Cáritas según su responsable, Samuel Hernández. Entre ellos destaca un perfil de personas ligadas a la construcción.

Es el caso de R.A.A, un abulense de 43 años, casado y con dos hijos menores de 10 años. Aunque su llegada a Cáritas se produjo hace dos meses empujado por su mujer, su situación se comenzó a complicar en 2009, haciéndose insostenible hace dos años.

Durante el boom de la construcción, este autónomo que comenzó a trabajar con 14 años vivió muy bien de un sector que estaba en su época dorada. Tanto, que llegó a contar con más de una decena de empleados. Sin embargo, hace cuatro años su modo de vida comenzó el giro que le ha llevado, junto a su familia, a una situación desesperada.

En ese momento sus clientes comenzaron a dejar de pagarle y en 2011, ante la falta de ingresos, se dio de baja como autónomo. Sus circunstancias cambiarían radicalmente si los empresarios le abonaran la deuda de unos 300.000 euros que tienen contraída con él. Varias sentencias le han dado la razón, pero la insolvencia de sus deudores le impide recibir un dinero con el que contaba.

Con este sombrío panorama se ha visto obligado a alquilar su propia casa para contar con algún ingreso, al margen de las ayudas familiares y los algo más de 300 euros que percibe su mujer. Todo ello le ha obligado a habilitar el garaje como un hogar provisional en el que vive con su mujer y sus hijos. Pero los inquilinos se irán en julio.

En la época de la burbuja inmobiliaria, no podía llegar a pensar que pocos años después estaría viviendo esta auténtica pesadilla. Sin embargo, R.A.A. tiene mentalidad emprendedora para tratar de salir del hoyo.

En una situación similar se encuentra otra familia abulense cuyos ingresos también procedieron mayoritariamente de la construcción. Se trata de J.E.R.S, de 40 años, casado y con un hijo de apenas seis años. Su negocio se centró en la vertiente norte de Gredos, que hace unos años vivió una época de expansión urbanística como consecuencia del impulso que sufrió el sector del turismo rural. En su caso, la situación se fue deteriorando después de que su mujer fuera despedida de la que fue la mayor fábrica de Ávila, donde ejerció durante años como secretaria de dirección. A partir de entonces ella, licenciada universitaria y con un dominio total del francés, se dedicó a su casa pensando que a su marido le iban bien las cosas. Sin embargo, todo comenzó a torcerse, con el agravante de que J.E.R.S. era promotor y constructor. De lo malo malo, pudo llegar a un acuerdo con el banco para quitarse de encima la deuda contraída con la entidad, que se quedó con los chalés que construyó.

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Ahora vive en su propia casa, pero ni su mujer ni él tienen ingresos. Algo que resulta difícil de asumir.