Diario de León
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ernesto escapa
León

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De un tiempo a esta parte, el sopapo viene con el saludo, mientras las enmiendas, cuando aparecen, tardan en llegar. Acaba de suceder con el anuncio de la evolución del PIB por autonomías, en cuyos datos hay una ruidosa discrepancia estadística entre el difusor y sus protagonistas, y ocurrió hace cuatro días con los primeros amagos de financiación. Parece como si la gestoría Montoro se moviera con gusto en ese terreno de atizar primero y luego aguardar un rato antes de enmendarse. Pero nunca un error se puede remediar con un disparate. Resulta que en la ponderación de nuestro Producto Interior Bruto durante 2013, los analistas del Instituto Nacional de Estadística no atendieron suficientemente al factor agrario, que en la amplitud de sus producciones le cambia la cara al retrato. No se trata de un sector nuevo, aunque su rendimiento cueste percibirlo desde los gatuperios ministeriales. Así que los proyectistas del INE se fuman una de las cosechas del siglo y prosiguen sus tabulaciones tan tranquilos. Es verdad que estos avances hechos con un trimestre de retraso suponen tanto como nada, porque luego los que llevan la cuenta en cada autonomía les enmiendan el dibujo. Pero ya les vale. No importaría demasiado, más allá del disgusto que siempre supone que te frieguen la cara, si no fuera por la coyuntura. Pero ahora que se dan los primeros tientos al proceso de financiación autonómica, mejor despejar cualquier equívoco de los que en sucesivas tandas nos viene endosando el insípido Montoro. Porque si se traga con el desvarío provisional, luego los arreglos resultan más complicados. Lo estamos viendo con la gestión del déficit público, donde los cumplidores acaban pasando por tontos, o en el encaje tan diverso de los funerales del ahorro. De momento, la consecuencia visible y más inmediata es que quien cumple y se esfuerza, paga dos veces. Si Pilar del Olmo hubiera cospedaleado nuestras cuentas, los recortes padecidos no hubieran sido los mismos. Con su ajuste, dejamos de gastar cien millones del tope de déficit, mientras alrededor se pulían quince mil millones más de los ingresados. ¿Eso qué significa? En primer lugar, que se han reiterado recortes sangrantes en servicios esenciales. Pero también que se mantuvo el freno en la oferta pública de empleo. Y esas restricciones no son iguales para todos. Las Comunidades mediterráneas, de Cataluña a Murcia con el archipiélago balear, son las que se llevan la palma, aunque todas ellas a retaguardia del gobierno central, que se acredita como el más manirroto. El periódico nos cuenta un día tras otro las jubilaciones abusivas de médicos especialistas y la creciente cicatería en las convocatorias para enseñantes. Ya nadie repara en otros ámbitos de la gestión pública, donde los agujeros se van tapando con interinos adictos. ¿Cuántos años hace que no se convocan oposiciones para museos, archivos o bibliotecas? Y menciono estos servicios porque coinciden con una de nuestras fortalezas. Luego resulta complicado convencer al Montoro de turno, cuando toca negociar la financiación autonómica, de que nuestro patrimonio cultural o la pluralidad de recursos naturales constituyen un hecho diferencial que requiere el correspondiente respaldo económico. Hemos tragado tanto antes de llegar a la mesa de negociación, que ya tienen descontada nuestra docilidad.

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