Casa de los gigantillos

Un pequeño museo alberga a estos populares personajes de los desfiles festivos de la capital burgalesa.

Los gigantillos (a la derecha) ya tienen casa junto a sus compañeros de desfiles.

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León

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A medio camino entre la Catedral y el Museo de la Evolución Humana, en los bajos del histórico teatro isabelino más famoso de la ciudad, se encuentra la Casa de los Gigantillos. Un nuevo atractivo cultural que alberga el testimonio de las tradiciones más arraigadas a la historia local de la ciudad de Burgos a través de figuras tan conocidas como los gigantillos, los gigantones, los danzantes, los infanzones y los tetines. Decenas de personas se han acercado estas navidades a un museo en el que habitan, desde hace pocos días, los personajes más famosos de la ciudad.

Uno de los primeros recuerdos que guardan casi todos los burgaleses o aquellas personas vinculadas a la cuna del Cid es el baile de dos gigantes ataviados con la indumentaria castellana de finales del siglo XIX. Los gigantillos han protagonizado programas de fiestas, se han hecho hueco en los muebles de las casas de amigos y familiares y, desde hace quince días, cuentan con un museo que guarda su historia y la de sus fieles acompañantes, los gigantones.

El objetivo del museo, según destacaron fuentes municipales durante su puesta en marcha, no es otro que poner en valor «unos personajes de honda tradición en las costumbres burgalesas» de cara al conocimiento de los mismos por parte de los más pequeños de la ciudad y quienes visitan la capital del Arlanzón. Precisamente es en una de sus márgenes donde el Ayuntamiento ha decidido instalar una casa muy especial. En la adaptación del local se han invertido un total de 30.000 euros, 16.000 de los cuales se han correspondido con servicios externos.

Una de las peculiaridades del local es su altura, capaz de acoger a las esbeltas figuras, así como sus grandes dimensiones. La Casa de los Gigantillos se dispone en una superficie total de 76 metros cuadrados. Espacio suficiente para que puedan vivir sus huéspedes, dos simpáticos personajes populares de cartón piedra que desfilan durante las fiestas de la ciudad, con una altura de 2,40 metros y 60 kilos de peso, y otras cinco parejas de gigantones cuya altura ronda los cuatro metros.

Del siglo XIX

Al igual que ocurre con el Papa Moscas de la Catedral de Burgos, los Gigantillos forman parte de la idiosincrasia y el saber popular de la capital burgalesa. Bajitos y con rostro bonachón, el gigantillo y la gigantilla, como se les conoce, representan una pareja serrana de principios del siglo XX. El hombre, a quien se atribuyen las labores de regidor de la ciudad, viste una amplia capa parda, un sombrero velludo, camisa blanca y lleva en la mano una vara de fresno. Su esposa, luce jubón abierto y manga de terciopelo, acompañado por una ‘chambra’ blanca con falda de vuelo de colores pardos. No le faltan a esta burgalesa un delantal largo, el típico mantón serrano y varias joyas.

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Las crónicas sitúan la presencia de los gigantillos en el año 1899, aunque son varios los historiadores que remontan su presencia a siglos anteriores. En concreto, varios documentos custodiados en el Archivo Municipal afirman que la entrañable pareja existía ya en el siglo XVI pero de forma distinta. «Era algo similar a la Tarasca que salía en procesión el domingo del Corpus», precisó un historiador.