Batida zamorana
E l chisme se difundió en la velada del viernes 9, propagado desde Zamora con estruendo de alarma: «Va a saltar una bomba en la política de la Comunidad». Imposible descifrar entonces que el rumor anticipaba la caída de la vicepresidenta Rosa Valdeón, como rebote bastardo a sus críticas por los manejos de Rajoy en el rescate del farsante Soria. Aquel traspié enturbió la semana del chasco mariano, porque nadie con un mínimo de sensatez puede digerir que el tramposo sirva para representar a España en el Banco Mundial. Un organismo que tiene entre sus objetivos «acabar con la pobreza» mediante procedimientos de transparencia y buen gobierno. Llamó la atención en aquel trance la memez exculpatoria del ministro de Justicia Catalá, el pliegue mendaz del biministro De Guindos y la excursión por los cerros de Úbeda de los presidentes autonómicos Herrera, Feijoo y Cifuentes, aparentando que disentían pero sin molestar. Todavía no había asomado la penca en esta trifulca el azote palurdo encomendado a las brigadas de Interior dependientes del vallisoletano Fernández Díaz.
Pero este intrépido personaje, que conspira en su despacho oficial contra la honorabilidad de los rivales, según hemos conocido por grabaciones de su propia policía, no pudo digerir la expresión de vergüenza ajena de la vicepresidenta popular de la Junta de Castilla y León ante el embrollo con Soria, y ofreció sus tentáculos para llamarla al orden. Una política transparente, como Rosa Valdeón, que carece de aristas perseguibles, ofrece sin embargo la fragilidad de quien es incapaz de hacer un uso indebido de los recursos públicos, utilizando por ejemplo el coche oficial para llevar a sus hijos al aeropuerto de Barajas. Costumbre tan extendida a niveles inferiores de la administración autonómica, que incluso hubo que reprender el desplazamiento presupuestario de una novia clandestina. Pero Rosa Valdeón estaba lejos de semejantes tropelías. Y eso lo conocían tanto sus rivales, como los crecidos enemigos populares de Zamora. Por eso, sabían bien qué canal utilizar y cómo para forzar su dimisión.
Así que practicada la caza, el mecanismo instruido funcionó a la perfección. La alarma la dio el camionero leonés Raúl Pérez, de Bercianos del Páramo, con cuyo trailer rozó a la altura de Arévalo el vehículo de Rosa Valdeón: «Conducía normal; me rozó, pero no me desestabilizó». También precisó que su velocidad era normal, nunca superior al límite permitido. Desde luego, muy lejos de los 170 kh propagados por la difusión zamorana. Tampoco consta que en su tránsito por la provincia vallisoletana el vehículo de la vicepresidenta no pudiera ser detenido por los guardias de Tráfico a causa de su aceleración. Y así hasta llegar a la altura de Morales de Toro, ya en jurisdicción zamorana. Allí fue parado por la guardia civil de Tráfico para realizar una prueba de alcoholemia a la conductora, que triplicó la dosis permitida. Pero el chisme se puso a circular con todos los ingredientes precisos para agravar su culpa. Al contrario de lo que suele ocurrir en el ámbito político, no pasaron ni doce horas hasta que Rosa Valdeón presentó su dimisión irrevocable, después de comparecer en rueda de prensa. Un político popular zamorano, Manuel H. Pozo, saludó el aullido de los perros del PP, ante la urgencia con que la presidenta de la Diputación reclamaba que dejara también el sillón de las Cortes.