Atropos fuleros
T anto pasmo con el tiberio catalán, de semanas y meses siguiendo la deriva tontuna de Pugi y sus allegados, ha acabado por estallarnos en la boca, que es donde más duele. Porque ese asombro aturdido lo aprovechó Rajoy para aviarse sus habichuelas presupuestarias con los nacionalistas vascos. Un arreglo respaldado por propios y afines, aunque parece que sin mucho conocimiento de lo que suponía en incrementos de desigualdad. En realidad, el reproche se lo hizo públicamente su conmilitón Herrera, después de comprobar que este arreglo conlleva la invitación a nuestras empresas para que pasen la raya fronteriza, porque en Vascongadas los impuestos son más bajos y las subvenciones más cuantiosas. La intervención de Herrera incluía una ironía sobre diputados y senadores (que ya se puede permitir, porque no es su rabadán autonómico), al suponer que se hubieran enterado de lo que votaban. Y no es el caso, por supuesto, que no van a las cámaras para enterarse de nada, sino bien dispuestos a sumarse a las votaciones de ordenanza.
Lo más grave de este patinazo, al respaldar a toda prisa los excedidos económicos del cupo vasco, es que vuelve a relegar sine die el arreglo de la financiación económica del resto de españoles, que acumula un lustro de retraso. Y es verdad que el concierto vasco (y navarro) está en la Constitución del 78, pero el negocio del cupo puede hacerse decorosamente y en su turno o atropellando otras urgencias y cediendo más allá de cualquier razón, para garantizarse el apoyo presupuestario del PNV. Por otra parte, la vigencia constitucional del régimen foral vasco-navarro no es más que un residuo carlista, que se tragaron sus negociadores por motivos tampoco esclarecidos entonces. Acaso por el tirón de Eta, tan pujante en aquellas fechas. Y lo peor es que las condiciones actuales para la reforma constitucional no son favorables. Así que habrá que sobrellevar esa anomalía, pero con la conciencia de que semejante privilegio lo es. Y con estrecha vigilancia a sus desmanes, propiciados por cesiones interesadas de todos los gobiernos de turno. Pero que no nos tomen por tontos ni los negociantes vascos y navarros ni menos aún los diputados populares y socialistas que viajan a Madrid desde nuestras provincias, por cuyos intereses no vuelven a mirar hasta que les toque pedir el voto. Sin previa rendición de cuentas, por supuesto.
Y si ha metido bulla el escarnio del cupo vasco, tramitado a oscuras y dejando la financiación autonómica de los comunes para otro año, no ha sido más cauteloso el anuncio de Sánchez Galán para cerrar las dos térmicas de Iberdrola, en Asturias y Palencia. Menos mal que en este caso la vigilancia de Bruselas puede malbaratar el negocio tramposo de las eléctricas. Porque desde 2007 y durante diez años han ido recibiendo ayudas, hasta sumar 440 millones de euros, como incentivo medioambiental, para la instalación de filtros en las térmicas de carbón, cuya clausura anunció estos días el vasco-charro Sánchez Galán de Iberdrola. Por razones medioambientales, según sus palabras. No consta, sin embargo, que haya renunciado y menos devuelto un solo euro de las ayudas recibidas en estos diez años para hacer soportables sus térmicas. Don Galán, que tiene como baranda en el negocio a nuestro Fernando Bécker, se maneja con la soltura de un jefe de estado multinacional y ni siquiera comparte sus intenciones con quienes desde la administración le llenan los bolsillos o le decoran los accesos a su finca salmantina de Fuenterroble. Para que las térmicas corregidas en su contaminación permanezcan en activo como en Francia, Alemania o Bélgica. Aunque hayamos sacrificado nuestro carbón.