Pamplinas navideñas
L a galopada menguante que anuncia el declive del mundo rural se moviliza con el fin del carbón y se alimenta con la postración y el abandono que refleja el progresivo desabastecimiento de productos básicos en cada vez más de nuestros pueblos. Paso a paso en el descuido, hemos conseguido que la caída no dibuje una curva declinante, sino una estampida. Cada vez somos menos, y por tanto, más conformes y resignados con el desvalimiento. De hecho, vamos perdiendo 3 a 1 durante los primeros seis meses del año y seguimos tan campantes. Ese resultado nos lo recuerda el Instituto Nacional de Estadística, al ponderar la merma vegetativa de población, que entierra a tres paisanos por cada uno que nace. Y con ese ánimo afrontamos el núcleo festivo navideño, agitado por la inquietud de las elecciones en Cataluña y su resultado.
Tratando de levantar el vuelo, los profesores López Trigal, Placer Galán y Escudero Barbero han pilotado un estudio sobre Economía leonesa que constata el fin del carbón y del ladrillo y propone su relevo por una sociedad del conocimiento, basada en la tecnología de la comunicación y la información y en el polo biofarmacéutico. El trabajo parte del diagnóstico publicado hace medio siglo, cuando ni la población ni la minería mostraban todavía signos de decadencia, aunque ya empezaban a cerrar algunas explotaciones las primeras cuencas carboníferas. La verdad es que el consejo sobre la nueva orientación de la economía leonesa suena bien, aunque resulte difícil atisbar por esa senda un futuro sólido e ilusionante. Un horizonte que en ningún caso puede despejarse a base de ser cada vez menos y más complacientes. Porque haciendo dejación de exigencias hemos acabado donde y como estamos.
Para estrenar diciembre, se reunió en Estrasburgo (Francia) la plataforma de 42 regiones carboneras de Europa en transición, un foro promovido por la Comisión Europea que pretende hacer que el tránsito hacia el nuevo modelo energético sea justo con los habitantes de las cuencas devastadas. Parece que los europeos, donde el carbón da empleo a 240.000 personas, se plantean más seriamente el cambio energético que nuestros políticos y empresarios, siempre seducidos y embobados por trampantojos: los políticos entregados al relevo radical de la fuente de energía, sin que importe el precio, y los comerciantes desquiciados por la avidez económica, sin tener en cuenta que las autoridades europeas les van a escrutar si han aplicado y cómo los millones hasta ahora recibidos para adecuar ambientalmente las centrales instalando filtros en las térmicas de carbón. 440 millones en ayudas es la cuenta del incentivo ambiental repartido por España entre 2007 y 2017. Y una vez realizado el cobro, la mayor parte de los negociantes energéticos está por clausurar las centrales a toda prisa, así se dispare la luz o se cuarteen los pantanos. Pero que a ellos nadie les interfiera la cuenta de resultados ni les amargue los dividendos.
La semana catalana tuvo esta vez un episodio ilustrativo para nosotros, víctimas de tantos expolios: el rescate de las piezas del monasterio de Sijena en museos catalanes. Lo estropea el insoportable nepotismo por hermandad entre el ministro Méndez Vigo donante y el receptor Pedro Méndez Vigo, vicepresidente de la Orden de Malta en España, propietaria del cenobio, que además tiempo atrás tuvo el detalle de distinguir a los Iñigo (padre e hijo) como caballeros de honor, devoción y obediencia de la orden. El señor ministro de baronía franquista se pasó de intrépido trasladando las obras de museos públicos a una colección privada.