Entre la melancolía y la displicencia
N o se estrujó en demasía el cerebro la oposición a la hora de elegir las cuestiones a plantear durante el turno de preguntas al presidente de la Junta que abre las sesiones plenarias del Parlamento Autonómico. El socialista Luis Tudanca requirió la opinión de Juan Vicente Herrera sobre el Proyecto de Presupuestos Generales del Estado. Todo un clásico de esos que conduce a la melancolía, ya que siempre serán una cosa las partidas presupuestadas y otra habitualmente muy distinta las ejecutadas, a lo que en esta ocasión se añade la incertidumbre sobre la aprobación de dichos Presupuestos, que de momento carecen del suficiente respaldo parlamentario para ello. Con todos estos condicionantes, basándose en las cifras que el ministro Montoro ha tenido a bien plasmar en el Proyecto, Tudanca y Herrera discreparan frontalmente sobre el trato otorga en el mismo a esta comunidad autónoma. Mientras que para el socialista supondría «un absoluto entierro para Castilla y León, una auténtica ruina», para Herrera «existen importantes razones para apoyarlos».
El presidente de la Junta se aferró básicamente a la subida de las pensiones y al incremento salarial de los funcionarios para defender una propuesta presupuestaria nada boyante en su vertiente inversora. Y aun así, considera satisfactorias las inversiones previstas en regadíos, AVE e incluso en carreteras, descontando en este capitulo la raquítica partida prevista para la autovía León-Valladolid. Ante los reproches del portavoz socialista, que le espetó a Herrera que el gobierno Rajoy «no le hace ni caso», el presidente contraatacó remontándose nada menos que al Consejo de Ministros celebrado en 2004 en León, aquel en el que el gobierno Zapatero parió el famoso Plan Oeste.
Los negativos datos cosechados por Castilla y León en materia de déficit, crecimiento económico y deuda pública fueron el leiv motiv de la intervención del portavoz de Podemos, Pablo Fernández, quien deduce de los mismos «una política de tierra quemada» o, si se prefiere, que la Junta para lo que le queda en el convento, se lo están haciendo dentro». «¡Quien le ha visto y quien le ve, está usted hecho un tecnócrata!», contestó Herrera en alusión al manejo de los indicadores macroeconómicos realizado por Fernández. Unos indicadores plasmados en unos gráficos que, concluido el toma y daca, el de Podemos trasladó en mano hasta el escaño presidencial. Tan insulso como de costumbre resultó el intercambio de pareceres, por así decirlo, suscitado por el portavoz de Ciudadanos, Luis Fuentes, quien recabó nada menos que la valoración de la gestión de la Junta en los últimos años. Como de costumbre, Herrera despachó al portavoz naranja con una contestación cargada de displicencia. Por el contrario, a continuación tuvo que emplearse a fondo para replicar la crítica del leonesista Santos Reyero, al que acusó de enmarañar sobre la marginación de León en el corredor ferroviario del Eje Atlántico, no distinguiendo entre el transporte de viajeros y el de mercancías.
Y los que vieron completamente defraudadas sus expectativas fueron los miembros de la Ampa del CEO de la Virgen del Camino, que, desde la tribuna de invitados, no esperaban el jarro de agua fría que les dispensó el consejero de Educación, Fernando Rey. En respuesta a la socialista Gloria Acevedo, Rey no mostró la menor empatía con su causa, rebatiendo sin concesiones sus denuncias sobre la masificación y las deficiencias de dicho centro.