Agricultura
El cambio climático reduce la renta de los agricultores de Castilla y de León en más de mil millones de euros

Ya hay cifras oficiales del impacto de la sequía que vivió Castilla y León durante el año pasado en el bolsillo de los agricultores de la Comunidad: 1.005 millones de euros. El primer avance de las cuentas económicas de la agricultura de Castilla y León del año pasado revela el alcance de la ausencia de lluvias sobre el sector, que cerró el ejercicio con una renta de 1.636,97 millones de euros, frente a los 2.641,79 del año anterior. Los datos ponen en evidencia que 2017 fue el peor año vivido por el sector desde 1992, cuando el desastre productivo fue aún mayor, y la renta agraria se situó en los 1.233 millones de euros.
Las organizaciones profesionales agrarias de Castilla y León destacaron que las cifras que facilita la Consejería de Agricultura de la Junta confirman que el año pasado fue «desastroso», con un impacto que se puede arrastrar durante algunas campañas, en un contexto de incertidumbre por el cambio climático. Así, defendieron como esencial que se potencien las ayudas a la contratación de seguros agrarios, así como que se acometan infraestructuras que garanticen el riego en Castilla y León, con planificaciones plurianuales.
Catastrófico
El presidente de Asaja, Donaciano Dujo, destacó que esas cifras oficiales vienen a corroborar lo que ya se sabía, que 2017 fue un año «catastrófico». «No hacía falta ningún estudio para saber eso, sufrimos las pérdidas tanto en agricultura como en ganadería», dijo, para espetar que también «quedó claro que lo que no dio el cielo» no llegó desde ninguna otra parte, porque las ayudas de las administraciones fueron «insignificantes». «No se ha paliado en nada las pérdidas», sentenció.
En este sentido, advirtió de que el sector arrastrará esas pérdidas durante unos cuantos años, porque el dinero que se fue no se cubre al año siguiente porque «no se gana el doble o el triple». Aseveró que si llegasen tres o cuatro años buenos, «se olvidaría», pero «nadie sabe ni siquiera como se comportará 2019» y menos en un contexto de cambio climático.
Dujo resumió que persiste un «cierto pesimismo o incertidumbre» porque esa situación está provocando que el clima se esté «haciendo extremadamente seco» y con fenómenos bien distintos a los que se registraban en otras épocas, y se pasa a situaciones extremas, desde la absoluta sequía a lluvias torrenciales, lo que «no es bueno» para el cultivo. El coordinador regional de UCCL, Jesús Manuel González Palacín, remarcó el desplome de la renta agraria en el «nefasto» año 2017, algo que estaba claro, y dio por sentado que muchas explotaciones quedaron en una situación «muy comprometida», sobre todo las de los jóvenes que acababan de acometer fuertes inversiones.
González Palacín incidió en que estas explotaciones lo pasarán mala unos años, porque, además, afirmó que las ayudas que se pusieron a disposición del sector fueron para las explotaciones saneadas. «Los que estaban peor se quedaron sin apoyos», dijo.
El dirigente agrario indicó que se están viviendo unos años climáticos «muy extraños» y afirmó que la incertidumbre es «cada vez mayor», con un cambio climático que se está notando «de lleno». En este contexto, defendió que «hay que apostar de lleno por los seguros, que deben ser un gasto fijo» y exigió a las Administraciones que recuperen sus niveles máximos de apoyo a su contratación.
Un 45% menos
El desplome de la producción llegó de la rama agraria, ya que la ganadera creció, así como la de servicios. En concreto, la producción agraria se situó en los 1.486,23 millones de euros, 1.213,3 menos que el ejercicio anterior, con un descenso porcentual del 44,9 por ciento. Por el contrario, la producción animal alcanzó los 2.997,32 millones, un 10,4 por ciento más que en 2016, con un aumento en 280,23 millones. Asimismo, los servicios sumaron 101,01 millones, frente a los 100,67 de una año antes. El mayor desplome productivo en términos económicos correspondió, como no podía ser de otra manera, al cereal, que cerró el año con un valor de 598,2 millones de euros, 698,59 menos que en el ejercicio anterior. La producción de las plantas industriales ascendió a 262,76 millones, con una merma en 31,8 en comparación a 2017; y las forrajeras aportaron 149,7 millones, con una desplome en 224,1 millones. La producción de hortalizas disminuyó en 42,1 millones de euros, hasta los 133; y la de patata, en 90,9, hasta los 120,4.