Diario de León
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VERLAS VENIR ERNESTO ESCAPA
León

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M ientras asistimos a la consumación alterada o sumisa del carrusel de irrupciones y desalojos, que conllevan siempre las listas electorales, ya hemos podido refrescar aquello de que siempre hay un roto para zurcir un descosido. Es lo que ha pasado con el relevo en la Delegación del gobierno, donde la incorporación a listas de Virginia Barcones da paso al rescate de la procuradora abulense Mercedes Martín, descabalgada de otras expectativas por sus conmilitones provinciales. Pero el trajín listero no se limita a este relevo, sino que alcanza también a la Junta, donde cesan esta semana las consejeras Milagros Marcos y Alicia García, que aspiran al Congreso de los diputados por Palencia y Ávila, mientras ya cuenta los días para el relevo Pilar del Olmo, quien acaba de revelar su rechazo a concurrir al Senado por Valladolid para dedicarse sin otras distracciones a la campaña municipal. La renuncia de Pilar del Olmo al Senado es coherente con la exigencia de la ley autonómica que rechaza la compatibilidad de cargos a partir de estas elecciones.

Fue una de las medidas de regeneración aprobadas en la presente legislatura, que no parece afectar en sus listas para abril al dicharachero Pablo Casado, aunque tenga una digestión difícil esa bilocación de los alcaldes entre su consistorio y la plaza senatorial de la Marina. Por si acaso, sus adversarios ya han aprovechado para atribuir el picoteo a desconfianza sobre los previsibles resultados. Desde luego, deja en situación muy vulnerable a los embarcados en ese sidecar electoral, que parecen arrancar con desconfianza de conseguir la duplicidad.

El apaño conviene sin duda a Pablo Casado y a su trémulo secretario Teodoro García Egea, para paliar la costalada de previsibles tropiezos, pero tiene una justificación más difícil en territorios como el nuestro, que ya concurren con los deberes de regeneración hechos. Lo que nadie podrá echar en falta en estos preliminares electorales nacionales, autonómicos, europeos y locales es el trajín de apaños diversos. Desde conflictos listeros a debates, por una vez parece que habrá de todo, menos programas, que de momento ni se conocen ni se esperan.

Instalados en la cultura del tuiteo, que sólo atiende a pregones, cualquier botarate propone barbaridades como la proliferación de armas, ignorando los problemas reales, de los que nada se dice, a medias por ignorancia y a medias por conveniencia. Queda el pastel de los debates, que llegan cuando ya no se estilan ni las medidas contrastadas ni los programas realistas, respaldados con cifras presupuestarias. Así que nos espera una lluvia de vaguedades flotantes arrojada con virulencia sobre nuestras cuestiones cruciales, como la despoblación.

Si algo tenemos bien aprendido las víctimas de este abandono que supone el despoblamiento, es que nadie nos toma en serio. Los remedios fiscales y de servicios ya están perfectamente diagnosticados, así como las consecuencias que conlleva esa postración, pero son asuntos que no parecen conmover a nadie. De momento, las estrategias pregonadas se limitan a recordarnos que habitamos un territorio donde nacen más lobos que niños, y eso por no contar jabalíes, aún más numerosos. El tajo de la despoblación podría ser argumento nuclear para los debates electorales, tanto nacionales como europeos, autonómicos o municipales. Porque es una merma que a todos afecta, en mayor o menor grado. Aunque quizá los debates ni siquiera lleguen a tener lugar, si consideramos el guirigay de criterios y dictámenes que pueden surgir de la nutrida comisión de 26 miembros establecida para su regulación. Así que pasará la primavera electoral y volveremos a encontrarnos donde siempre estuvimos: en las estancias traseras de la resignada postración. ¡A espabilar!

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