La actual legislación puede «espolear» a los agresores, según la magistrada Ana Carrascosa
Una jueza considera excesivas las penas contra los maltratadores
«La reinserción social pasa por la suspensión de las penas para someterles a rehabilitación» Tres nuevos
Ana Carrascosa, centro, tras intervenir en la comisión de violencia sexista
La juez Ana Carrascosa, magistrada del Juzgado de lo Penal número 2 de Valladolid, considera que las penas que se aplican a los maltratadores de mujeres en el ámbito doméstico son excesivas, con frecuencia poco reflexionadas y que «a veces espolean» a los agresores al sentirse «provocados». Carrascosa, que fue invitada ayer a una ponencia técnica convocada por las Cortes, explicó que un remedio contra esta «lacra social» consiste en «entender, entre comillas, a los maltratadores, no a justificarlos», como garantía de una eficaz rehabilitación. «Las soluciones, más que por las penas, ha comenzado a venir por el entendimiento de la situación de las víctimas, pero ahora también hay que intentar comprender, dicho sea entre comillas, a los maltratadores, no a justificarlos, pero partiendo de que tienen una personalidad que no es normal», señaló la magistrada. La reinserción social de los agresores «pasa por la suspensión de las penas para someterles a un proceso de rehabilitación por el que hay que apostar muy seriamente», ya que de lo contrario, estas personas «saldrán de prisión» y volverán a reincidir. Rehabilitación criticada En este punto, Carrascosa lamentó que la recuperación de los violentos «está muy criticada, sobre todos desde sectores feministas para los que prácticamente no merecen nada», así como que esos programas tengan dificultades de implantación por falta de presupuesto. En cuanto a los castigos, criticó la desproporción existente entre los impuestos a la violencia doméstica con otros delitos «no menos graves», de forma que un empujón o amenaza verbal entre miembros de una misma familia se considera delito y se sanciona con más dureza -de tres meses a un año de cárcel- que si los protagonistas fuesen otras personas sin ese vínculo y al margen de ese escenario. Para la magistrada, se trata de «una penalidad excesiva que en el fondo refleja el intento de conferir al Derecho Penal una función simbólica: enseñar a la sociedad que no se debe maltratar porque se imponen grandes castigos». «Hay que entender, entre comillas, a los maltratadores, no justificarlos» Ana Carrascosa Magistrada del Juzgado de lo Penal