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LAUREANO M. RUBIO PÉREZ
León

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LAS RECIENTES declaraciones efectuadas en la radio por un catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Valladolid en torno a las Comunidades y las afirmaciones tendenciosas que intentaban justificar la actual comunidad autónoma de Castilla y León desde la legalidad histórica, no sólo ponen de manifiesto una burda manipulación histórica , sino que ruborizarían a todos los historiadores modernistas que han estudiado el movimiento comunero. Parece claro que dichas pretensiones y la valoración interesada que se hace de la Guerra de las Comunidades de Castilla más que reafirmar una ignorancia histórica lo que demuestra es una clara prevaricación y un anacronismo histórico inaceptable por los historiadores serios e independientes, incluso a la hora de utilizar determinados conceptos como el de nacionalidad, tan de moda en los tiempos que corren en esta España nuestra. En efecto, el hecho de que una comunidad autónoma inventada hace una veintena de años tuviera que coger como fiesta conmemorativa un movimiento, guerra o revolución que afectó a una parte de los territorios de la Corona de Castilla actualmente situados en la Comunidad de Castilla-La Mancha o en Murcia, no sólo dice mucho, sino que justifica que tal conmemoración ni ha calado en la sociedad, ni es representativa de nada. Mientras que los campesinos leoneses y castellanos siguen con sus faenas agrícolas, los urbanos toman el evento como un día festivo más y sólo los progres, románticos y vendedores ambulantes, junto a algún que otro político que busca promoción, se han adueñado de la campa de Villalar. No obstante, la manipulación interesada del movimiento comunero no es nueva, en tanto en cuanto tanto la derecha como la izquierda en los inicios del siglo XX ya hablaban de movimiento reaccionario o de movimiento revolucionario. Esto parece justificar el fervor con el que los partidos de izquierda de la nueva comunidad autónoma acogieron la celebración tildando de revolucionarios a unos dirigentes que no sólo eran nobles, sino que no pretendían cambiar ni su estatus jurídico o jurisdiccional ni el sistema. En este contexto, en modo alguno se puede aceptar la utilización de un movimiento político y belicoso inserto en el contexto político de los inicios del siglo XVI con el fin de justificar la existencia y la legalidad histórica de la autonomía de Castilla y León, ya que en aquel contexto estas dos realidades o regiones son dos reinos que junto a otros muchos (Toledo, Murcia, Galicia, Granada, etc) forman la Corona de Castilla. El movimiento comunero no sólo se dio en los territorios de esta comunidad autónoma, sino en otros cuyas ciudades y sociedad urbana estaba afectada por los mismos problemas. Si la ciudad de Toledo, junto a otras castellanas como Segovia o Valladolid, no así Burgos que no apoyó el movimiento, se alzan en armas contra el rey Carlos, no lo hacen para cambiar el régimen político, sino que los diferentes grupos urbanos que lo apoyan (clero, burguesía y caballeros) lo que buscan es una mayor participación en el poder. Se trata, pues, de un movimiento urbano que, como en el caso de la ciudad de León, une a curas, frailes, burgueses y nobles. Al igual que en el resto de territorios del Reino de León, en la provincia leonesa el movimiento comunero no tuvo incidencia alguna en el medio rural, más allá de la propia ciudad de León. Las razones de que el movimiento rural antiseñorial detectado en Castilla a partir de Enero de 1521 no fuera seguido en los territorios leoneses hay que buscarlas en la capacidad de poder y de autogestión que poseían las comunidades rurales mayoritarias y sus respectivos concejos frente a una Castilla en las que las lugares y villas estaban dominadas por la nobleza señorial y por las oligarquías nobles. Estas y otras muchas diferencias justifican la desigual incidencia del movimiento en Castilla y en los territorios del Reino de León. Los que pretendan definir como histórica a una comunidad autónoma que cuenta con un cuarto de siglo de existencia ya pueden ir buscando otra fiesta y otra excusa. Aunque sigan manipulando la Historia a golpe de talonario y de prebendas nunca podrán ignorar que histórico es el Reino de León, de la misma forma que lo es el Reino de Castilla, de Navarra o de Aragón. La diferencia es que estos dos últimos han tenido más suerte, o mejor dicho políticos más comprometidos con su tierra y más conciencia social a la hora de defender sus derechos históricos.

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