Presidente de las Cortes de Castilla y León

«Los desequilibrios no han nacido con la autonomía, venían de antes»

El presidente de las Cortes insta a los grupos parlamentarios a impulsar un acuerdo similar al estatutario, pero asegura que la transferencia de más competencias «está ya al límite»

Publicado por
ical | valladolid

Creado:

Actualizado:

Cuando se cumple un cuarto de siglo de andadura autonómica, el presidente de las Cortes, el abulense José Manuel Fernández Santiago lo tiene claro: por encima de señas de identidad, Castilla y León se ha consolidado por la utilidad de la autonomía para su gente y su capacidad para hacer llegar a todos los rincones el llamado Estado de Bienestar. En clave de futuro, el jefe del Legislativo autonómico aboga por incidir ahora en el principio de solidaridad, una herramienta para evitar agravios entre provincias, cuyo fomento considera "indecente" y recuerda que es, precisamente, la Autonomía la que mejor puede dar respuesta ante los desequilibrios territoriales. -¿Qué mensaje quieren trasladar las Cortes en esta conmemoración del 25 aniversario de la promulgación del Estatuto? -Espero que seamos capaces de brindar con normalidad. Nosotros vamos a llevar al ánimo de todos que nuestra autonomía cumple un cuarto de siglo y ha sido útil para el crecimiento. Ha sido un periodo en el que se ha practicado una democracia irreprochable que ha permitido a todos participar en el destino de todos. Que más allá de discrepancias hemos conseguido la doble tarea de reivindicar una identidad juntos y asumir nuestra propia historia. -¿Es esta la Castilla y León que se quería en 1981? -La primera reflexión es que durante estos 25 años, y de manos del Estatuto de Autonomía, se ha realizado un aprendizaje activo y profundamente democrático. Hemos aprendido el valor fundamental que para arreglar las cosas tiene el pacto, el acuerdo. Cualquier reflexión que mire para atrás o cuestione el estado de las autonomías sería vivido en Castilla y León como un recorte de libertades, pese a que se inició como una aventura. Creo que la autonomía ha conseguido traer un periodo de concordia y de libertad, que ha generado riqueza, más riqueza de la que podríamos imaginar. -Sin embargo, aquellos años fueron de efervescencia regionalista, sobre todo, en las obras de algunos intelectuales, que se ha atenuado mucho en este cuarto de siglo. -Creo que lo que empezó siendo una aventura no exenta de muchísimas improvisaciones y por tanto con una carga romántica ha ganado sus cartas de naturaleza, más allá de cualquier otro contexto, en el campo que más importa: en el campo de la realidad social. En este periodo, que se inicio como la búsqueda de una nueva identidad en nuestra historia, hemos conseguido asumir nuestra historia tal como es y hemos convenido que no está la autonomía sólo para mantener identidades históricas sino para dar respuesta a las necesidades de la gente. Cuando empezó éramos pocos los que creíamos en ello y necesitábamos beber esa literatura: hacer fuerte la autonomía a partir de las singularidades que nos separaban, sin darnos cuenta que ahí estaba nuestra propia debilidad porque tenemos una lengua y una cultura universal. -Si ponemos el fiel en la utilidad, alguien puede pensar que para ellos no ha funcionado, dado que en este tiempo las velocidades de desarrollo de la comunidad han sido diferentes. -No acepto que existan dos velocidades en Castilla y León. La propia Constitución ya recoge la existencia de desequilibrios preexistentes y ordena poner en marcha medidas para acabar con ellos. Por primera vez, en la historia de esta comunidad, se puede decir que las necesidades y servicios de los pueblos más lejanos se han encontrado servidos como nunca. Por tanto, la autonomía lo primero que ha hecho es llegar a casi todos los lugares y se arreglan las ermitas de los pueblos o se pone un consultorio médico¿ El otro gran principio que complementa la autonomía es la solidaridad, es decir, que se adopten medidas para corregir las desigualdades preexistentes. Creo que en gran medida se está corrigiendo, y ahí es donde el principio de solidaridad tiene que ser determinante porque es el complemento más esencial de la autonomía y debe asegurar que las diferencias que puedan existir e incluso las preexistentes no puedan implicar en ningún caso privilegios económicos o sociales de unos territorios respecto de otros. Vale para toda España y en Castilla y León es igual: tienen que existir en toda la comunidad medidas de redistribución territoriales tendentes a restaurar el equilibrio. Pero no admito el discurso de quien parece que los desequilibrios han nacido, porque venían de antes. -¿Entonces, trabajar por el equilibrio entre los territorios acabará con la insatisfacción de algunos sectores con la comunidad? -Fomentar el agravio entre las provincias es una irresponsabilidad: cuando se hace sin querer me parece grave, pero cuando se hace intencionadamente y en época electoral, es indecente. El agravio no tiene justificación ni en periodo electoral. El Estado de las Autonomías tiene muchos más instrumentos que cualquier otro para corregir las desigualdades. ¿Alguien duda que ha sido la Autonomía lo que ha permitido llevar el consultorio médico o los servicios del Estado de Bienestar hasta los últimos rincones? Esa ha sido una de las utilidades más importantes de la organización autonómica: que ha permitido la extensión del Estado Social con igualdad a todo el mundo. -¿Hacia dónde cree que debe ir el actual estado de las autonomías, una vez concluida la reforma estatutaria? -El Estado de las autonomías debe estar donde está y, tras las últimas reformas, la posibilidad de transferir nuevas competencias está al límite. Intentar ir más allá, desde todos los puntos de vista, es salirse del estado de las autonomías y acercarse a un modelo confederal, que no cabe en la Constitución. El Estado de las Autonomías tiene resuelto en otros lugares algo que en Castilla y León hay que resolver: la ordenación del territorio, crear la geografía del futuro, y todo eso me parece que es lo que toca ahora.

Cargando contenidos...